La primera cuadrilla de hermanos costaleros

Todo el mundo sabe que los hermanos costaleros comenzaron en Córdoba en el año 1975. Algunos conocen que la cuestión surge en Sevilla viendo el estreno de la primera cuadrilla de costaleros hermanos un año antes, cuando un grupo de cofrades cordobeses veían a Manolo Santiago dirigiendo a la recién estrenada Cuadrilla de hermanos de los Estudiantes. En ese momento Rafael Zafra (Hermano Mayor de Expiración) le preguntó a Rafael Muñoz (Capataz profesional):

-¿Rafalito tú crees que esto lo podemos hacer en Córdoba?

–Pues claro. Le respondió con seguridad el capataz.

Y de ahí partió todo este movimiento costalero del que hoy disfrutamos sin que sepan cómo hemos llegado hasta aquí la mayoría de nuestros jóvenes de costal perfecto, faja ortopédica, zapatillas de marca y recitadores de marchas y nombres, como si el mundo cofrade hubiera nacido así.

¿Cómo se preparó aquella cuadrilla y el resto que surgieron a continuación?¿Cómo proliferaron rápidamente los hermanos costaleros?¿De dónde salieron capataces nuevos? ¿Cuándo se incorpora la música? Las respuestas a todo eso forman parte de la historia cofrade cordobesa de los últimos 40 años y supone una influencia esencial para el resurgimiento de la Semana Santa que hemos vivido.

Después de aquella conversación entre rafaeles, cómplices en su manera de entender la Semana Santa y con el deseo ferviente de mejorarla se pusieron en marcha. Compraron 30 costales y fajas en Sevilla de la mejor calidad posible y convocaron a los jóvenes de la Hermandad de la Expiración.

Un grupo de 26 valientes se comprometieron a formar parte de aquella aventura y se lo tomaron como un reto o una proeza que nadie había realizado antes. Por su juventud se les denominó la Cuadrilla de Estudiantes y serían admirados por cofrades y no cofrades en general como una hazaña de superhombres.

La voz cantante de la preparación de la cuadrilla la tomó Rafael Muñoz como primer capataz de la Hermandad, ayudado por Ignacio Torronteras que tendría que ser quien la mandara el Martes Santo en la calle ante la necesidad de que Rafael Muñoz mandara el Palio con los profesionales. Los contraguías éramos prácticamente mirones y aprendices también.

Hubo de comenzarse por enseñar a vestirse, hacerse el costal, ponerse la faja, colocarse en la trabajadera; para seguir con la levantá y el andar apropiado al paso que se trataba; lecciones que se repetían una y otra vez con insistencia hasta conseguir un resultado de costaleros avezados. Esta era una tarea lenta y minuciosa para neófitos a los que todo les era nuevo. Así se comenzó en octubre con más de 20 ensayos por delante.

Todos los sábados a las 10 de la noche se citaba y se podía comenzar a las 11 o 12 de la noche cuando todos estaban correctamente vestidos. Andando sobre los pies se daba una y otra vuelta a la iglesia hasta dos o tres horas de igual manera. Gracias a que S. Pablo tiene dimensiones que permiten el discurrir de un paso con suficiencia.

Nunca se salió a la calle hasta el último ensayo en que se hizo la prueba de salida y entrada. Además de la preparación técnica aquella cuadrilla y las que vinieron después se preparaban físicamente para soportar con suficiencia salidas de “mármol a mármol”, que se dice ahora, y en ocasiones con el inconveniente añadido de no completar el número de costaleros que calzaba el paso. Todas las cuadrillas tenían en los primeros años un número de ensayos similar. Recuerdo que en el 79-80 con Jesús Caído y Soledad, Patricio Carmona y yo programamos 22 ensayos. Claro que contábamos con cuadrillas juveniles que ahora sólo entrarían en esos que llamamos pasos chiquitos. Había casos de niños que entraron debajo de las trabajaderas con 14 años. Una barbaridad que con el tiempo se fue subsanando, como era lógico.

La Cuadrilla de los Estudiantes tuvo una estación de penitencia admirable, disciplinada, sentida, llena de fuerza, sentido y compañerismo, larga… gustándose a si misma de manera que se retrasó algo en su recorrido a la vuelta al templo. Se convirtió en un hito para el mundo cofrade y para el mundo del costal que estaba por venir. Además a partir de aquella fecha, la juventud se acercó a las hermandades, gracias a las cuadrillas de costaleros y a las primeras vocalías de jóvenes que se creaban, para que nuestra Semana Santa diera un giro de 360 grados en los años que vinieron después y tomara un auge que no se conocía en tiempos anteriores.