Nada permanece inmóvil, todo se encuentra en constante movimiento, excepto Dios, que siempre permanece inalterable. Algo parecido, dice Santo Tomás de Aquino, en su gran obra, de la Suma Teológica, en una de las cinco vías, que demuestran la existencia de Dios. Por lo tanto, los Misterios de Nuestro Señor Jesucristo, igualmente, son inmutables, y no aceptan variación de ninguna de las maneras. Siempre han sido, son, y serán, los mismos. Los Misterios de Nuestros Señor, no pueden estar condicionados: a los gustos, a los tiempos, a lo que toca, a las modas, a lo que queda bien, a las apetencias, a lo políticamente correcto, a lo que se lleva,… Estos, son los que son, al orden de la Salvación del Género Humano.
No obstante, los Misterios de Nuestro Señor, en la Navidad, han ido sufriendo y experimentando una transformación progresiva, en la manera que los católicos los vivimos, los conmemoramos y los festejamos en los últimos años. Es muy sencillo, caer en la cuenta, que estos Misterios, los hemos “paganizado”. Jesucristo, podría decirnos, a cada uno de nosotros: ¿Qué estáis haciendo para celebrar mi cumpleaños? ¿Os estáis acordando de mí? ¿Habéis ido a mi casa a felicitarme? o al menos, ¿Me habéis felicitado? ¿Me habéis dejado entrar en vuestros hogares? ¿Me habéis abierto las puertas?
Para comenzar, somos muchos, los que no sabemos, cuando termina esté periodo Santo de la Navidad. Finaliza, con la conmemoración, del Misterio del Bautismo de Nuestro Señor, en el rio Jordán, a manos de Juan el Bautista. En absoluto, es un pasaje evangélico extraño o atípico, sino que es meditado, todas las semanas, en el Santo Rosario, en el día, del jueves. Normalmente, esta fiesta litúrgica, se celebra, en el domingo después de la Epifanía (Reyes Magos) y pone final, al periodo de Navidad. Por lo tanto, la Navidad no termina, nunca el 6 de enero sino en este Santo Domingo. Entonces, los católicos, no debemos de retirar, los adornos navideños hasta este día, porque después del 6 de enero continuamos en Navidad, y nunca jamás dejarse llevar, por lo que propone la sociedad, los comercios o las multinacionales acerca de la Navidad, porque está visto, que no saben cuando termina la Navidad.
Otro, de los Misterios, en Navidad, es la Epifanía de Nuestro Señor (Los Reyes Magos). En absoluto, es la fiesta del regalo, del comprar, del poseer o del consumismo compulsivo. Tampoco, el día, que en estos últimos años, sale a la luz, a través de los medios de comunicación, controversias estúpidas y ridículas, acerca de la figuras de los tres Reyes Magos. Hasta, incluso, me atrevería a decir, no es el día de los más pequeños, que por otra parte, está claro, que sí. Es simple y llanamente, que Dios Salva, y no solo, un privilegio, del Pueblo elegido, por Dios, Israel. Salva a toda la humanidad. De ahí, la representación, de estos tres personajes que son de diferentes culturas. La Salvación ha llegado y llega para todos, sin exclusividad ninguna. Ahora, te toca a ti, poner de tu parte.
Tan solo, he realizado una breve referencia, acerca de este último coletazo de la Navidad, en lo que se refiere al cierre de las celebraciones. Podría, detenerme, en cada una de ellas, y siempre nos encontramos con el mismo denominador común: se han “paganizado”. Hasta incluso, en nuestro lenguaje cotidiano. En vez, de decir: Feliz Navidad, decimos: Felices Fiestas. Todo me recuerda, si echamos la vista atrás, a aquellas antiguas fiestas del Imperio Romano. Los católicos, ¿Qué hemos hecho mal? ¿En qué nos hemos equivocado? ¿Qué es lo que no funciona? ¿Cómo se ha llegado a este punto? ¿Qué rumbo deberíamos coger? Pues, es evidente, que debemos de volver a cristianizar y reconquistar la Navidad para nuestro Dios, y que no sean, unas meras fiestas más, y vivir, los cristianos los Misterios Navideños, tal y como se merecen. Ya, que, nuestro entorno podrá cambiar, pero los Misterios de Nuestro Dios, no.





