La revirá | Brotes verdes

Existe una tendencia profundamente arraigada en determinados sectores de la sociedad cordobesa a medirlo absolutamente todo utilizando a Sevilla como vara de comparación. Ocurre con la Semana Santa, ocurre con el Corpus Christi y ocurre, en general, con cualquier manifestación colectiva susceptible de ser sometida al juicio permanente de quienes parecen incapaces de contemplar la realidad sin mirar antes hacia la otra orilla del Guadalquivir. Sin embargo, convendría asumir de una vez una evidencia tan elemental como irrefutable: el Corpus de Córdoba jamás será el de Sevilla. Ni falta que le hace. Nunca alcanzará la densidad social, la dimensión histórica ni la magnitud de una celebración que forma parte indisoluble de las grandes fiestas de la ciudad hispalense. Del mismo modo que la Semana Santa cordobesa jamás será la sevillana por mucho que crezca, evolucione o mejore. Pretender lo contrario supone instalarse en una suerte de nebulosa permanente donde la realidad acaba siendo sustituida por una expectativa imposible. Córdoba será siempre aquello que los cordobeses quieran que sea, ni más ni menos.

Eso no significa, sin embargo, resignarse al inmovilismo. Entre la fantasía de convertir el Corpus cordobés en una réplica sevillana y la tentación de dejarlo morir lentamente existe un amplio espacio para la mejora razonable. Y quizá la principal conclusión que deja la procesión celebrada este jueves sea precisamente esa: la sensación de haber contemplado algunos brotes verdes. Había más gente en las calles. No una multitud desbordante ni una transformación histórica, pero sí una presencia algo más notable que en ediciones recientes. Ahora bien, resulta imposible determinar si ese incremento obedeció a una renovada devoción hacia el Santísimo Sacramento, a la singularidad de recuperar la celebración en jueves, a la curiosidad de quienes se encontraron con una procesión cuya existencia muchos desconocen durante el resto del año o incluso a la agradable brisa que suavizó un calor que todos esperábamos mucho más severo. Nunca lo sabremos. Como tantas veces ocurre, solo podemos formular hipótesis. Lo que sí parece indiscutible es que el Corpus de 2026 ha sido, sencillamente, un poco mejor que el de años anteriores.

También convendría desterrar ciertos complejos absurdos. Porque quienes idealizan la procesión sevillana suelen olvidar un detalle incómodo: la realidad cotidiana de quienes la viven cada año. La inmensa mayoría de los sevillanos sienten un profundo respeto por el Corpus Christi como una de las grandes celebraciones de su ciudad, pero eso no impide que muchos contemplen su larguísimo cortejo con un cierto hartazgo acumulado por la costumbre. No son pocos los que consideran la procesión excesivamente extensa y, en determinados momentos, incluso aburrida, exactamente igual que sucede con otras manifestaciones multitudinarias cuando forman parte del paisaje habitual de una ciudad. Como ocurre tantas veces en la vida, solemos idealizar aquello que no tenemos mientras minusvaloramos aquello que nos resulta cotidiano. Ocurre con los nazarenos, cuya abundancia es criticada allí donde existen mientras se añoran allí donde escasean. Ocurre con las tradiciones y ocurre también con el Corpus. En Córdoba, además, ha resultado especialmente significativo comprobar cómo el obispo volvió a situarse durante toda la procesión donde corresponde estar en la principal celebración pública de la Iglesia diocesana: tras la Custodia de Arfe, otorgando al Santísimo la centralidad que merece. Y, llegados a este punto, cabe plantearse algunas preguntas legítimas. El misterio de la Cena, que había venido participando en los últimos años, ha estado ausente en esta ocasión precisamente por la dificultad que supone organizar su presencia en una jornada laborable. De apostar por el Jueves de Corpus, ¿no sería razonable estudiar fórmulas que permitieran recuperar su participación? Quizá mediante traslados previos durante el fin de semana anterior y el posterior, o incluso mediante desplazamientos privados. Del mismo modo, tampoco resultaría descabellado explorar la incorporación rotatoria de alguna imagen de gloria que contribuyera a reforzar el carácter festivo y devocional de una celebración que merece seguir creciendo sin perder nunca su esencia eucarística. Y puestos a soñar: ¿por qué no plantear que la Custodia sea llevada a costal? Todo ello, además, con el objetivo de continuar definiendo una idiosincrasia propia en torno al Corpus cordobés, construida desde nuestra realidad, nuestras posibilidades y nuestras tradiciones, no desde el afán de copiar a nadie ni de convertirnos en una versión menor de otras ciudades, sino desde la voluntad de fortalecer aquello que legítimamente nos pertenece.

La cuestión de fondo no es otra que potenciar un acontecimiento que, guste o no, continúa brillando con más fuerza en jueves que en domingo. Y quizá ahí aparezca el debate que pocos parecen dispuestos a afrontar. Tal vez haya llegado el momento de preguntarse si la ciudad no debería replantearse su calendario festivo y recuperar para el Corpus Christi la condición de fiesta local. Resulta difícil negar que la devoción eucarística posee en Córdoba un arraigo histórico, religioso y patrimonial infinitamente más sólido que otras celebraciones cuya relevancia efectiva continúa siendo bastante limitada pese a los esfuerzos realizados para impulsarlas. Una festividad local permitiría celebrar la procesión en condiciones mucho más favorables, a primeras horas de la mañana, facilitando la participación ciudadana y reforzando su carácter de acontecimiento colectivo. Probablemente nada de esto suceda. Probablemente el regreso excepcional del Corpus al jueves quede reducido al recuerdo de quienes tuvieron la fortuna de volver a vivirlo así porque al Papa se le ocurrió visitar España en estas fechas. Pero incluso si todo vuelve a su cauce habitual, la jornada de este año deja una enseñanza evidente: el Corpus cordobés no necesita convertirse en el de nadie. Le basta con seguir siendo él mismo, y trabajar con ilusión para que cada año sea un poco mejor que el anterior.