La Semana Santa que se va

Una nueva Semana Santa para Córdoba. Así se podría definir esta semana mayor de 2017. La carrera oficial catedralicia marca nuevos recorridos, nuevas calles, nuevos órdenes de paso. ¿Nuevas formas de andar? Sería deseable y necesario tanto para nazarenos como para costaleros, pero aún no tenemos certeza apodíctica respecto a este tema.

El hecho es que se me hará rara esta Semana Santa por muchos aspectos. Empezaré por lo extraño que será acudir a San Lorenzo en la semana de pasión para ver los seis pasos de las tres cofradías de la parroquia y no encontrarse allí con el Maño, que tan recientemente llamó el Señor a las puertas del cielo. Igualmente echaré en falta la visita de Jesús Caído en su vía crucis del Viernes de Dolores al convento de Santa Isabel de los Ángeles, pero el destino ha querido que las religiosas lo hayan abandonado, que el patrimonio mobiliario del mismo acabe Dios sabe dónde y que San Pancracio se haya tenido que mudar a Santa Marina. Una pena. Una pena tan grande como ver tantas y tantas viviendas antiguas de vecinos del barrio cerradas a cal y canto con carteles de «se vende» que ya tristemente forman parte del paisaje habitual de uno de los barrios más bellos y hermosos de la ciudad.

Se hará raro ver el Domingo de Ramos por la mañana el centro sin cofradías, sin olor a incienso y con una calle Capitulares hecha un auténtico mamarracho. Otro logro de la administración Chabeli Ambrosio: dejar la calle tan fea como el ayuntamiento de la ciudad, con unas farolas horribles de pelotas (pero de pelotas) que han sustituido a las fernandinas y esa escalinata de acceso al consistorio de la que lo mejor que se puede decir es que es más rara que un piojo verde.

Me costará acostumbrarme a ver San Zoilo tan vacía de hermandades como, paradójicamente, lo estarán Conde y Luque y Deanes en comparación a Semanas Santas pretéritas. Igual que será extrañísimo no ver a Misericordia cerrar el Miércoles Santo y a las Angustias hacer lo propio un día más tarde. Ni les comento ya lo impensable que aún hoy me resulta pensar que ya no se verán los hábitos dominicos del Cerro subiendo la calle de la Feria. Tanto como imaginarse la calle San Pablo sin cofradías a la luz del sol buscando la carrera oficial.

Nace una nueva Semana Santa. Otra parece en cambio irse de repente. Casi sin darnos cuenta. Mucho se han criticado sus carencias y defectos hasta ahora. Seguro que, cuando forme parte del pasado, algunos empezarán a reconocerle sus méritos. Igual que pasa con las personas. Siempre son mejores cuando pasan a mejor vida.