La separación entre capataces que costó una saga

Estaba mediada la pasada década, cuando en los pasos cordobeses gobernaba, una buena parte de ellos (a día de hoy lo sigue haciendo), Luis M. Carrión. Conocido por casi todos como Curro, este vivía un momento dulce y su “reinado” era indiscutible. 

Todo eran parabienes hasta que se cruzó el llamador de Las Angustias y el elegido para ser su titular fue David Arce. Este era, por aquel entonces, el segundo de Curro en casi todos los pasos (prácticamente una decena en Semana Santa) y el tándem que formaban era, a nivel teórico, probablemente el mejor que se ha visto en Córdoba. 

Sin embargo, aquel nombramiento lo cambió todo para siempre. Con diferentes versiones sobre lo sucedido, la realidad fue que ambos decidieron separar sus caminos. Curro siguió acumulando pasos y Arce tomó otra senda, manteniendo la dirección de La Sentencia (aún continúa) y haciéndose cargo del palio de la Concepción y todavía como capataz general del Descendimiento y dirigiendo cuadrillas como las de San Lorenzo o la Divina Pastora de Capuchinos. 

Pero hubo más y Arce entró a formar parte del equipo de capataces de Los Villanueva y participando, en consecuencia, en la dirección de algunos de los pasos más importantes de Sevilla. 

Aquella separación cambió la configuración del equipo de auxiliares de Curro, del que salieron nombres ilustres, además de algún otro que se marchó después. Y dejó en el aire (ahora hay quien rumorea que Curro podría entrar a formar parte del equipo de un famoso capataz sevillano) la sensación de que se perdió la oportunidad de haber asistido a la creación de una dinastía en torno al mundo de los llamadores.