Hablar de cofradías en el mes de agosto parece un despropósito, si no fuera porque las cofradías son algo más que el mero espectáculo procesional. Entiéndase bien esto: espectáculo (proveniente del verbo “ver”) hace referencia aquí a la representación que hacemos con fines catequéticos.
La esencia de lo cofrade no se puede confundir con sus medios, esto es, lo anteriormente dicho. Además, la pertinencia de lo procesional no se cuestiona. Al contrario, al afirmar que “hablar de cofradías en el mes de agosto parece un despropósito”, decimos mucho más de lo que aparentemente queremos decir. En definitiva, se demuestra que lo cofrade perdura en el tiempo en virtud de su esencia.
Ahora bien, establecer el qué es no es objeto de este pequeño ensayo-artículo que suscribo. En efecto, cuestiones como la anterior suponen un ejercicio de reflexión que se extendería en exceso y que fatigaría tanto la mente como la paciencia de más de un lector. Valga, pues, afirmar que hablamos siempre de lo cofrade porque lo cofrade tiene un algo. Y ese algo entronca con la esencia misma de nuestra fe: Cristo.
No obstante, el “espectáculo” adquiere una significación primordial para ciertos sectores de nuestro mundo cofradiero. Aún más, la dramatización de lo cofrade se codea abiertamente con otras tendencias, según las cuales lo primordial radica en lo artístico, entendido esto en clave de belleza y antigüedad. Por tanto, junto a la “dramatización” tenemos lo que llamo “museos ambulantes”.
Obviamente, negar la dramatización y el arte dentro de las cofradías es un sinsentido mayúsculo, en tanto que ambos elementos son medios necesarios. Sin embargo, como medios que son, no pueden nunca suponer la esencia misma de lo cofrade, cuya nota característica es Cristo y su Evangelio. Todo lo que se aparte de este fundamento se pervierte y se desvirtúa, se culturiza y se desevangeliza.
En conclusión, al hablar de cofradías en agosto, a modo de reflexión, hemos de aprovechar su estado “latente” para comprender mejor la esencia que en ellas late. En otras palabras, os invito a que rebusquéis la raíz que sostiene todo y que la contempléis. Repito una vez más: en Cristo está el sustento de todo. Así, pues, sin añadir mucho más salvo lo ya dicho, no es perentorio deshojar los últimos días del mes, antes de que comience el curso, planteándonos la siguiente pregunta: ¿realmente somos fieles a la esencia o damos más importancia a los medios?





