La Virgen de los Ángeles de los Negritos y la procesión perdida en el mes de agosto

En el último cuarto del siglo XIX la dolorosa protagonizó varias salidas extraordinarias

El siglo XIX contiene algunos de los episodios más convulsos de nuestra historia reciente. Si en la primera mitad tuvo lugar la invasión francesa y la desamortización de Mendizábal, en la segunda se sucedería la de Madoz o la Revolución de 1868. Todos estos capítulos dieron como consecuencia importantes crisis que afectaron a nuestras cofradías. Y ello se traduciría, entre otros, en la irregularidad de las salidas procesionales durante Semana Santa o la desaparición de algunas hermandades en el peor de los casos.

A mediados de la citada centuria la hermandad de los Negritos no asiste de manera continuada a la catedral —habitual por aquel entonces—, aunque sí prosigue celebrando sus cultos. Es el caso de la función celebrada en honor de la Virgen de los Ángeles en agosto de 1853, recogiéndose en la prensa: «El día 2 del corriente se celebró por la hermandad de Nuestra Señora de los Ángeles la fiesta que anualmente se dedica a su Patrona, en la Capilla del barrio de San Roque extramuros de esta Ciudad». Y es que no pocas publicaciones refieren que la titular mariana de los Negritos era considerada patrona de la collación. En sus Glorias religiosas, José Bermejo afirma que «los vecinos del barrio de San Roque profesan particular devoción a Nuestra Señora de los Ángeles, a la que no sin razón, llaman algunos patrona del mismo barrio. Sevilla tiene también a esta Señora especial afecto, como lo demuestra la concurrencia que en su capilla hay los días de jubileo; siendo este uno de los más concurridos de la ciudad. Se solemniza también la fiesta de la Santísima Virgen con velada, que de inmemorial tiempo hay en su víspera y día».

El mismo investigador arroja luz sobre otra de las salidas extraordinarias. Sucedió en 1856, pero en esta ocasión el domingo 21 de septiembre, coincidiendo con el día de los Dolores gloriosos: «Salió también en procesión la misma soberana imagen, acompañada de la Sacramental, con su titular; y en la estación que fue a la de la vez anterior, hubo cuatro castillos de fuego, costeados por los vecinos». Señala Isidoro Moreno que para allegar fondos una comisión de la recién reorganizada Congregación de Señoras se encargó de pedir limosna a las mujeres de la Fábrica de Tabacos.

La cofradía no reanuda sus salidas hasta el Domingo de Ramos de 1867. En aquel año acude a la catedral con un paso dorado con candelabros, en el que figuraban las imágenes de Cristo, la Virgen, San Juan y las Tres Marías, repitiéndose dos años después. Carrero Rodríguez arroja luz sobre su próxima estación de penitencia, siendo en 1869. La corporación penitencial se propuso retomar las salidas procesionales en 1872 pero a pesar de que había enviado a la alcaldía un escrito notificándole el recorrido, finalmente no lo hace.

La Virgen de los Ángeles sale dos años más tarde, en septiembre de 1874. Se celebró solemne función y procesión con motivo de la epidemia de cólera morbo. Bermejo afirma que tuvo lugar por la tarde «acompañándola la Hermandad Sacramental de San Roque, con la efigie de este Santo». Continúa describiendo el itinerario: «después de recorrer el barrio, se dirigió a la Calzada, llegando hasta la iglesia de San Benito; y volvió andando varias calles del barresuelo. Las demostraciones de los vecinos hicieron patente su afecto y piedad; siendo aquellas más extraordinarias al entrar la Señora en su capilla».

Nuevamente se retoma agosto como el mes en el que los vecinos pueden ver a la Madre del Santísimo Cristo de la Fundación por las calles del barrio. Fue el día 7 de 1879 «por devoción de sus hijos y devotos». Asistió la Sacramental pero sin la imagen de San Roque, recorriendo solo las calles del barrio. «Las demostraciones de afecto, y de religioso entusiasmo fueron aún mayores, que en las precedentes salidas, habiendo en la estación cinco castillos o palmas de fuego, arcos de flores, luces y otras invenciones». También coincidió la próxima salida con el domingo 7 de agosto, en 1881, aunque en esta ocasión no salió la Sacramental de San Roque «hubo igualmente mucho entusiasmo».

Los años ochenta y un nuevo inventario

La próxima salida en agosto con la Virgen de los Ángeles no se produciría hasta 1888. Aunque no existen imágenes de las procesiones agosteñas, puede intuirse que luciría algunas de las prendas que en aquel año poseía, recogidas en un inventario del citado año. Según Isidoro Moreno «un vestuario amplio y, al menos en parte, valioso». Tenía la imagen «un vestido de terciopelo celeste y manto con blondas de plata; un manto azul con guardilla de oro y otro negro con puntilla de oro falso; un vestido granate bordado de oro con manguillos y mangas; un vestido de seda blanco hueso completo, con encaje de hilo; otro de nipe blanco completo; cinco tocas con puntilla de oro; tres petos de tela blanca; cuatro enaguas blancas, una bordada y las otras de encaje; nueve pañuelos, uno de ellos de nipe; cuatro puños de tela y puntilla; cinco cíngulos, dos dorados, dos plateados y uno de seda; dos brevetines con reliquias, un alfiler y una hebilla, todo falso; un aderezo con tres colgantes de plata y topacios falsos; y una pulsera dorada falsa». Por otro lado, se produce en este año la solicitud de reorganización de la hermandad de los Negritos.

Los últimos tiempos

Las salidas en agosto prosiguieron en 1889 y 1893, estando presente una banda de música militar y fuegos artificiales durante el recorrido. El año de la primera de ellas aumentó el ajuar de la dolorosa, con dos enaguas blancas, una camisa, dos tocas y varios pañuelos, todo ello donación de mujeres devotas.

El siglo XIX acaba con buenas noticias para la hermandad. El 23 de abril de 1896 son aprobadas las nuevas reglas, acudiendo a la catedral sobre el paso del Cristo de San Bernardo, que no salió aquel año, y cobijada Nuestra Señora de los Ángeles —que estrenaba una saya celeste bordada en oro— bajo el antiguo palio de la Lanzada.

A principios del siglo XX continuó llevándose a cabo la velada frente a la capilla. Se destaca el jubileo los tres primeros días de agosto en la capilla, así como la función del día 2. La partida más alta de los gastos en estas jornadas en 1904 fue la de los Derechos parroquiales, recogiéndose que ascendieron a 328 reales, entre los que se encontraban actos como una misa cantada con manifiesto o sermón y procesión el último día. Una procesión perdida que, de recuperarse, impregnaría de Jueves Santo las calles de la capital en pleno mes de agosto.