A pulso aliviao, Opinión

Las cuentas del Valle y las tonterías de palacio

Sí sí sí, el lío ya está aquí. Y no me refiero a los alemanes y escoceses destrozando los monumentos de Sevilla por final de la Europa League, que también.

Yo les vengo a hablar del último culebrón cofrade, que ha llegado para quedarse. Y es que a nadie le sorprende a estas alturas los problemas de gestión económica que ha sufrido (porque los hermanos lo lamentan y no tienen culpa, no lo olviden) la Hermandad del Valle. Esa es una realidad impepinable.

No obstante, y al margen de procesos judiciales, el número de circo (con todos mis respetos a los profesionales que tanto nos hacen reír y emocionarnos bajo una carpa), que ha montado el Arzobispado esta última semana es injustificable y muy triste.

Este humilde redactor no absuelve de ninguna culpa a la corporación del Jueves Santo por los errores cometidos en estos años, pero nada justifica el escándalo público que ha levantado Palacio Arzobispal con la revisión de las cuentas mes a mes a esta querida hermandad, que no merece el trato recibido por la jerarquía de la Iglesia sevillana.

Y es que la junta de gobierno del Valle se ha enterado por los medios de comunicación de esta medida restrictiva del arzobispado, cosa que ni se entiende ni se puede defender.

¿O es que hay alguien a quien beneficie semejante actuación? ¿Al Valle? ¿Al arzobipo y su curia? ¿a la ciudad de Sevilla?

No. Por supuesto que no. Esta patata caliente nos ha explotado a todos los cofrades en la cara por hacer las cosas muy mal, y probablemente muy tarde.

Palacio Arzobispal puede adoptar las resoluciones que considere oportunas (con todo el derecho a equivarse también), pero nadie les da vía libre a airear asuntos tan delicados como los de la Hermandad del Valle a la ligera.

Es mezquino y desleal por parte de una institución milenaria como la que representa Don José Ángel Saiz Meneses, arzobispo de la capital hispalense, anunciar a bombo y platillo una auditoría mensual de la economía del Valle, algo que debería quedar en el estricto ámbito privado hasta que se solucione el conflicto en cuestión.

Y esto no se debe al pobre prelado, que no puede ser más atento y respetuoso con las cofradías; sino más bien a determinos altos cargos que le rodean, los cuales se empeñan en demostrar su total desprecio y acritud hacia nuestro fervor popular materializado en grandes hermandades como el Valle.

Por eso hay que hacer balance de este hecho incómodo y realmente innecesario, para que ninguna corporación tenga que verse en una situación en la que ha faltado sensibilidad y comunicación para llevar a buen término un problema que no afecta sólo al Valle, sino a las Cofradías de Sevilla en general.