El artista sevillano Fernando Vaquero, uno de los nombres insustituibles del panorama contemporáneo de la cartelería religiosa y cofrade, ha vuelto a dejar constancia de su incalculable maestría con su nueva obra, concebida para la Taberna Cofrade Caifás. Un espectacular cartel, -y ya se agotan los calificativos para adjetivar adecuadamente la impresionante producción de Vaquero- que ha sido presentado este jueves en la trianerísima calle Pagés del Corro.
Este óleo sobre lienzo llega siete años después de su primer cartel de Semana Santa. Aquella inolvidable obra que representaba un nazareno arrodillado ante un Cristo Yacente. Fue para la Hermandad del Santo Entierro de Carmona. Vaquero fue invitado el Viernes Santo y la Hermandad y quiso dedicarle una levantá. Ese momento, tal y como ha explicado el pintor, no se le ha olvidado: «que sepas, sevillano, que vas a llamar al antiguo paso de la O, el que cruzó el puente de barcas», el primer y único puente durante casi siete siglos sobre el río Guadalquivir, a su paso por Sevilla, que servía de nexo entre el arrabal de Triana y el resto de la ciudad.

En aquella noche mágica, Fernando, contemplando la salida de la Hermandad carmonense, con el crujido de la rampa y las cadenas de hierro que rodeaban la iglesia, pudo visualizar, aun con los ojos cerrados, aquella estampa de la O, cruzando el puente sevillano, que comunicaba la ciudad con el Aljarafe. Ese puente por el que el gitano «Cachorro» paseaba en busca de su amor y dio lugar a la más bella leyenda de la Semana Santa.
Este puente dividía la ciudad. Hasta el siglo XIX Sevilla tuvo dos Semanas Santas, una diferente a la otra; hasta que el 9 de abril de 1830, madrugá del Viernes Santo, la Hermandad de la O, materializó la valentía -la bendita osadía- de cruzar el puente de barcas para hacer estación de penitencia en la Catedral, entrando por la Puerta de Triana y saliendo por la Puerta del Arenal. Ese es el momento que Fernando Vaquero ha querido representar en esta maravillosa obra que deja sin aliento a todo aquel que lo contempla.

Para el cortejo, el artista se ha basado en el texto encontrado por Carrero, donde se decía: «Iban delante dos trompetas roncas y la Cruz, seguidas de la fila de cofrades de luz, y el paso de Jesús Nazareno… Detrás de las andas, algunas devotas y cofrades portando cruz y tras ellos la cruz alzada, con manguilla negra de la parroquia de Santa Ana. Seguían dos largas filas de nazarenos entre las cuales iban el Simpecado de Nuestra Señora de la O y el estandarte negro de la Corporación».

Según ha expresado el propio autor, esta bella estampa ha querido, «asemejarlo a una antigua postal, apareciendo en la esquina superior izquierda un antiguo sello de correos con la fecha 9 de abril de 1830». En cuanto a la tipografía ha utilizado letra manuscrita propia del siglo XIX, poniendo sobre la T de Santa, la palabra Triana.
Una obra impresionante, que ya engrosa el patrimonio colectivo del universo cofrade y la espectacular producción artística de Fernando Vaquero que ha dejado un detalle muy personal en este cartel, pues a una de las barcas la ha bautizado con el nombre de su hija y vuelve a demostrar, con hechos -obras- y no con palabras la auténtica dimensión de un artista de primer orden que poco a poco ha grabado su nombre con letras de oro en la historia imperecedera de las hermandad de los cuatro puntos cardinales de nuestra sagrada geografía.





