Las Penas de Santiago presenta la restauración del manto de la Virgen de los Desamparados

Resulta una evidencia de todo punto de vista incuestionable que la protección y la conservación del patrimonio colectivo heredado de una hermandad representa una de sus actividades periódicas imprescindibles para la adecuada supervivencia temporal de los elementos que lo configuran. En base a esta cuestión generalmente aceptada, las diversas corporaciones acometen toda suerte de labores de restauración del ajuar de sus benditos titulares para paliar en la medida de lo posible el inexorable paso del tiempo.

El pasado mes de julio la Hermandad de las Penas de Santiago comunicaba a sus hermanos que, en cumplimiento del mandato recibido por el Cabildo General de hermanos celebrado el mes de enero anterior, el manto de salida de Nuestra Señora y Madre de los Desamparados iba a ser sometido con carácter inminente a labores de resanación y enriquecimiento para que la bellísima dolorosa del Domingo de Ramos pueda lucir con todo su esplendor a los pies del Santísimo Cristo de las Penas.

Cabe recordar que la dolorosa no pudo lucir su mejor manto el pasado Domingo de Ramos debido al considerable grado de deterioro que presentaba la prenda. De este modo, la junta de Gobierno de la Corporación hizo entrega al afamado bordador cordobés Antonio Villar del manto para que realizase las labores precisas para recuperar la pieza, una de las de mayor valor de las que posee la hermandad, y dotarla de mayor valor si cabe. Recordemos que el manto es de terciopelo negro con bordados en oro del siglo XIX, que en 1990 fueron pasados a un terciopelo nuevo por Francisco Pérez Artés.

Ahora la corporación del Domingo de Ramos ha anunciado la presentación de la pieza tras los trabajos realizados por Villar que será el encargado de hacer los honores y explicar pormenorizadamente en qué ha consistido su intervención. Será el próximo 10 de marzo en la Iglesia de Santiago. Igualmente se presentará la restauración de la bandera de la hermandad, popularmente conocida como bacalao, una pieza de terciopelo negro, con bordados en oro y sedas, realizados por Francisca Aguayo sobre diseño de fray Ricardo en el año 1.989 que presenta una rica ornamentación a base de hojas que envuelven el escudo de la hermandad, situado en el centro. El asta, en alpaca cincelada y plateada, fue realizada en el taller de Villarreal.