Las verdades del Rocío

Hay quien sigue diciendo que El Rocío es sólo cante y baile. Que allí sólo se va a beber, a comer y a pasarlo bien, obviando y no queriendo ver más allá de sus propias narices.

Hay momentos, situaciones, que hacen que El Rocío recobre toda su esencia, todo su esplendor. Momentos tan emotivos como el vivido por los peregrinos de la Hermandad del Rocío de Córdoba a su paso por la localidad sevillana de Coria del Río.

Allí, en un cruce de calles, en un esquina cualquiera de la villa, esperaban a la Hermandad Nicolás y su mamá. Nicolás es un niño que iba en silla de ruedas, pues tiene parálisis cerebral, al igual que los que acompañan al Simpecado Blanco y Oro y que, con tanto esfuerzo, fe y alegría están realizando el camino.

Al pasar por su lado le preguntaron a su madre si quería que Nicolás presentara ante la Virgen de la Estrella de Coria con Gerardo en s Joelette. Aceptó sin dudar. Nicolás fue acogido con la ternura que sólo Gerardo puede ofrecer. Y tras acomodar al pequeño en sus brazos se encaminaron hacia la parroquia, donde la alegría y sonrisa de Nicolás contrastaba con la seriedad y responsabilidad del niño cordobés.

Poco a poco y sin darse apenas cuenta cada año El Rocío nos regala momentos mágicos y situaciones que te hacen ver lo maravilloso de esta fiesta de religiosidad popular.