Una imagen de Antonio Bernal inspirada en el rostro del inmortal torero cordobés Manolete
La Hermandad de la Piedad de Palmeras protagonizará el gran estreno y la gran sorpresa de este Miércoles Santo, la incorporación a su paso de Misterio de la Imagen de San Longinos que tallara Antonio Bernal. El momento iconográfico recoge la conversión y arrepentimiento del romano ante el hecho de traspasar con su lanza el costado de Jesús. De este modo, la famosa Imagen del imaginero cordobés, Antonio Bernal Redondo, procesionará este Miércoles Santo junto al Cristo de la Piedad y a María Santísima de Vida, Dulzura y Esperanza Nuestra, la única Esperanza de la capital ausente en la Magna de Córdoba del próximo mes de octubre.
La corporación claretiana no deseaba en la composición de su Misterio una imagen secundaria. Desde siempre, y tal como ha recogido Gente de Paz en diversas ocasiones; su proyecto, que albergaba una Lanzada, se hace hoy realidad con esta incorporación que no ha sido desvelada hasta hace unos instantes, tal y como se hacía antiguamente, sin bombo ni platillo, y que añade gran valor al conjunto escultórico; ya que, si bien en un principio no fue realizada para esta cofradía, el destino y lo que no lo es, han convergido para hacer posible esta unión que a todas luces aporta una importantísima incorporación patrimonial a la Semana Santa de Córdoba.
Conviene subrayar que distintas juntas de gobierno de esta hermandad estudiaron esta posibilidad y desde octubre de 2018 ya se trabajaba en un proyecto que la hermandad siempre deseó. No obstante, siempre se tuvo claro que lo primero debía ser la sustitución de su Imagen Cristifera, tan deteriorada, por el portentoso crucificado de Antonio Bernal que se bendijera hace dos años. Adicionalmente, debía quedar la imagen de San Longinos Mártir libre para la hermandad y así ha sido, muy recientemente.
El proyecto y su deseo, muy antiguo, se veía materializado con nota puesto que la imagen del romano no es una más de las que después de Semana Santa se guarda en las dependencias de la cofradía, sino que es el momento iconográfico del arrepentimiento y conversión. Tal como describen los evangelios, traspasó el costado de nuestro Señor y brotó sangre y agua, y entonces recobró la vista. No se trata de un instante posterior a la lanzada sino de ese mismo momento en el que desolado y conocedor de la verdad, queda Longinos abatido y el Amor penetra en su ser.
Una imagen para la que el escultor se inspiró en el rostro del inmortal torero cordobés Manuel Rodríguez Sánchez, Manolete, y que se presenta con las vestiduras en cuero negro y orfebrería. La talla, dotada de una belleza y una potencia incontestables, trasmite paz a su contemplación, y tal como hemos indicado, representa el momento en el que el santo romano se arrepiente de haber atravesado el costado de Jesús, muerto en la Cruz. Es de destacar que parece haber sido tallada para este crucificado.







La escultura se encuentra en posición de sentado, meditando. Su mano derecha es apoyada sobre un cráneo humano para con su mano izquierda acariciar su barbilla a modo de reflexión. Parece evocarnos lo que diecisiete siglos después William Shakespeare escribiera: “Ser o no ser…”, en la primera línea de un soliloquio en su obra “Hamlet”. La escultura llora, lo que parece contraponerse al ideario de un militar en aquellos tiempos, con los ojos velados, y roto su corazón porque descubre la Verdad, y este hecho es el que aporta mayor valor a la escena que representa.
Estamos acostumbrados a una representación militar de la escena, con caballo y soldados. Ahora no vemos esto, vemos reflexión y arrepentimiento que, por obra y gracia de la indiscutible capacidad artística de Antonio Bernal, dotan a la imagen de la condición de única.
Tal como declarara el propio autor hace unos años, y publicara Gente de Paz: “La imagen de Longinos está concebida, no en base a un sustrato militar, sino inspirada en el Evangelio”, afirmando Bernal que se nutre del mencionado concepto del “arrepentimiento de quien es consciente de haber participado en el martirio del mismísimo Dios, a través de su llanto”.
No obstante y más allá de la evidente calidad artística de la talla son las fuentes que inspiraron a Bernal dónde descansan las más altas dosis de curiosidad que alberga la imagen. Una posición que recuerda inevitablemente, tal y como el propio imaginero reconociera allá por 2011 en el famoso «Pensador» de Rodin, materializando ese arrepentimiento trufado de un inabarcable dramatismo, que se complementa con la reconocida inspiración de la efigie del más grande matador de toros que ha nacido en la ciudad de San Rafael Manuel Rodríguez Sánchez conocido en el universo entero como Manolete. Es en efecto, la efigie de un jovencísimo Manolete la que inspira Antonio Bernal tal y como el propio imaginero reconoce a sus más íntimos por influencia de un familiar muy cercano. La imagen idealizada del inmortal matador añade un valor añadido adicional a una imagen de un valor incalculable en lo artístico, en lo sentimental y en lo simbólico.










