Los detalles más simbólicos del singular paso de palio de Rocío y Lágrimas

Hablar del nuevo paso de palio de María Santísima del Rocío y Lágrimas, titular mariana de la Hermandad del Perdón, es hablar de la misma esencia de Córdoba. Se trata de uno de los palios más singulares y personales de la ciudad, ya que su estilo y forma alude al arte califal de la Santa Iglesia Catedral, antigua mezquita mayor de Córdoba. La corporación de San Roque dio carta blanca a Álvaro Abril para que dejara fluir su imaginación y su arte en la concepción de un nuevo altar itinerante que supiera deslumbrar e impactar a los cofrades cordobeses, consiguiendo así una obra totalmente rompedora para la ciudad.

El palio de la Virgen del Rocío y Lágrimas tiene la peculiaridad de que cuelgan 84 borlas de sus bambalinas burdeos en lugar de los tradicionales flecos, ejecutada con un fleco de hilo de camaraña. Entre todas ellas hay una diferente a las demás, que, lejos de tener asignada su posición, cada año es ubicada en un lugar diferente, de modo que el espectador deberá buscarla hasta dar con ella. A continuación, el buscador satisfecho del ángel podrá realizar una petición que quedará en manos de la Virgen del Rocío y Lágrimas. Este juego de piezas han sido donados por distintos hermanos de la corporación. Alteradas con las borlas prenden también de las bambalinas lágrimas de cristal, en clara alusión a la advocación de la dolorosa. Es decir, simulan una especie de Rocío en forma de lágrima.

De estilo puramente cordobés y con mucha personalidad, pues un palio de estas características con el diseño de su crestería no tendrá más sentido que en la ciudad califal, y, aún más en el seno de la Judería cordobesa, el paso de la Virgen del Rocío y Lágrimas avanza cada año progresivamente en su ejecución. Previamente al diseño, Álvaro Abril se percata en que ningún palio representa o lleva en sí los elementos distintos de la catedral cordobesa. De este modo, el arte califal también está presente en la Semana Santa de Córdoba, una ciudad cuyo símbolo vivo y eterno es la singular Mezquita musulmana que construyó la dinastía Omeya a su paso por la Península Ibérica entre los siglos VIII y XI.

La crestería del palio simula así los peculiares arcos polilobulados de herradura de las naves catedralicias, construidos a partir de la alternancia de dovelas de ladrillo blanco y rojo. Además, la pieza de orfebrería termina con las almenas escalonadas del exterior de la Mezquita. Inspirada en el tejaroz de coronamiento de la fachada occidental de la Mezquita, bajo el que se aloja la portada de San Esteban, la crestería recoge así la fusión entre el elemento hispano musulmán y el cristiano, habida cuenta que se hace referencia al primer mártir de la cristiandad con la figura tácita de San Esteban.

Además, sobre este portentoso conjunto, a cuyo término se convertirá en uno de los palios mejor conseguidos de la Semana Santa cordobesa, María Santísima del Rocío y Lágrimas procesiona bajo la protección de San Juan de la Cruz, pues una reliquia del santo figura en la delantera de la candelería del paso de palio. El motivo de tal presencia recae en que fue este santo el fundador del antiguo Convento de San Roque para los carmelitas descalzos, hoy reconvertido en residencia e iglesia, sede canónica de la cofradía.