Los errores del pasado en nuestras cuadrillas

Cualquier movimiento exagerado o unos pasitos atrás en un paso de Semana Santa vuelven locos a aquellos espectadores de nuestras cofradías que no entran de lleno en el fondo de lo que aquello representa; ha habido muchas circunstancias en las que el aplauso fácil movió a cuadrillas a una“borrachera” de euforia. Esto sucedía en los años ochenta.

El descubrimiento por parte de los capataces de que las cuadrillas con ensayos daban un montón de posibilidades y acompañados del estado de euforia que da el triunfo conseguido con las cuadrillas de hermanos, añadido a las exageraciones que se veían entonces en Sevilla, nos llevaron a que las cuadrillas hicieran cosas que ahora se verían locuras fuera de tono, que lo son, pero el momento nos llevaba a ello. La gente enloquecía aplaudiendo cuando los pasos hacían cosas como estas:

Por ejemplo el muchas veces comentado 6 x 3 . Seis pasos adelante y tres atrás. O las levantás a la música. Mecida durante una levantá a pulso. Levantás en dos tiempos. Mecidas con desplazamientos laterales del paso. Encuentros de pasos frente a frente.

En plenas Tendillas, no digo quién, dos palios, uno entraba en Gondomar y otro giraba para la Calle de la Plata acaban por colocarse enfrentados; ahora levanto yo, ahora levantas tú, ahora levantamos los dos, adelante y atrás… provocando la algarabía general.

En el año 80, Primera salida a costal de los dos pasos de mi hermandad por sugerencia de la Junta de Gobierno el Señor Caído espera a Ntra Sra. de la Soledad y ambos suben juntos la cuesta de S. Cayetano, cada uno por un lado para encontrarse arriba los dos de frente y … sus mecidas les dimos… No se repitió nunca más

Otro de los errores, aparte del andar de los pasos, que era general, fue la falta de trabajaderas adaptadas a la altura de la cuadrilla. Eran trabajaderas fijas que no se podían modificar en altura, resultantes de quitar las ruedas y adaptar el paso a costal; daban como resultado levantás excesivas, uso de suplementos para igualar y además inclinaciones de los pasos que parecía que iban a volcar hacia atrás.

Al vestir a las cuadrillas también se cometieron dislates. De esta manera y en pos a la exageración de uniformidad y seriedad se hacía que los costaleros de muchas cuadrillas tuvieran que usar zapatillas de esparto que convertían el trabajo del costalero en un suplicio con tirones musculares, ampollas en los pies y un esfuerzo extra e innecesario. La vestimenta del costalero se complementaba con unas pantaloneras (fundas de tela de la rodilla a los pies) del mismo color para todos, habitualmente negras, para que a la vista bajo el faldón pareciera que todos llevaban el mismo pantalón.

Quizá la más grave de las equivocaciones que se cometían en aquellos años y de la que pueden dar testimonio muchos, eran la admisión en las cuadrillas de niños de 14 o 15 años. La necesidad de completar cuadrillas, mezclada con un poco de inconsciencia, llevó a que viéramos como se nos colaban menores para realizar un trabajo que era muy duro con recorridos sin relevo y con un riesgo no valorado.

Todo lo relacionado fue producto de un tiempo de aprendizaje que se ha ido puliendo con el paso de los años, la afluencia de interesados en el costal y la madurez de nuestros capataces y costaleros para terminar dándole a nuestros pasos el tono apropiado y la seriedad que requieren las estaciones de penitencia. Aunque gracias a aquellos iniciados podemos “jugar hoy día en la Champion” con costaleros avezados y capataces de mucho oficio.