Llegó la Pascua y la Semana Santa de 2025 ya es parte de la historia. Una que, como cada año, deja luces y sombras; cosas que se hicieron muy bien y otras manifiestamente mejorables. Y todo ello dentro de una escala de grises que, siempre subjetiva, deja algunos puntos negros y muy preocupantes de cara al futuro de la celebración religiosa.

Control de aforos
Es, sin lugar a dudas, el aspecto más preocupante, sobre todo en Sevilla, aunque es un asunto que promete expandirse como una mancha de aceite a otras ciudades andaluzas. La tendencia viene de celebraciones anteriores, como la Magna que se celebró en Sevilla el pasado mes de diciembre. Pero, sin duda, la Semana Santa de 2025 será recordada por la que se pusieron vallas para impedir el paso de las cofradías. La cruz de guía con una valla delante y un agente de policía ha sido una de las imágenes más impactantes.
Como también lo fueron las de calles vacías con vallas a 50 metros del paso de la cofradía. Ver una procesión a esa distancia es sintomático del control de la movilidad que, supuestamente desde el Cecop, se está realizando. A lo que hay que sumar que, en el caso de Córdoba, a la Hermandad de la Merced se le impidió entrar en carrera oficial diez minutos antes, también por presunta obra y gracia del Cecop. No había cofradía alguna delante y sí amenaza de lluvia, pero no hubo forma. O la imagen chirriante de una cofradía pasando justo por donde salía otra con la banda abriéndose para dejar pasar al cortejo y otros detallitos que ya les hemos mencionado en el artículo de «aquí al lado» que no vamos a repetir para no hacernos pesados.
Los capataces, al alza
Aunque muchas veces son protagonistas indeseados, no es menos cierto que el nivel de los capataces en Córdoba ha ido subiendo durante las últimas décadas. Aspecto siempre a celebrar, con nombres como los de Carlos Lara, David Arce, Enrique Garrido, Luis Miguel Carrión, Rafa Giraldo, Ángel Carrero, Francisco Luis Romero, Javier Santiago, Jesús Ortigosa, Juanlu Berrocal y Rafael Ramírez son algunos de los exponentes en la ciudad de San Rafael. Mención especial merece la entereza y el ejemplo de Manuel Orozco, por cuestiones que no vienen al caso.

Las bandas
En el apartado musical ha quedado de manifiesto que la banda de cornetas y tambores de La Salud está a otro nivel. Un escalón superior, que muestra la enorme progresión de la formación del Naranjo. En cuanto a agrupaciones musicales se refiere, La Redención sigue siendo, además de la decana, el referente del género en Córdoba. Su buen hacer y su gran calidad han sido palpables. Como la banda de música de Nuestra Señora de La Estrella, que ha confirmado que la subida de nivel experimentada en estos últimos años no es flor de un día. Mención aparte merece el caso de la Banda de cornetas y tambores de la Coronación de Espinas a la que algunos quisieron enterrar y que ha demostrado que sigue muy viva.

Mejora del patrimonio
Ver palios que, tras décadas, mantienen el terciopelo sin bordado alguno es una sombra difícil de ignorar, pero no es menos cierto que los hay que avanzan o han terminado de construir verdaderas joyas como el de la Trinidad, la Alegría o el futuro de la Piedad, que Dios mediante, se disfrutará en 2026. También son dignos de encomio los pasos que están realizando el Buen Suceso y el Prendimiento.
Mención especial para el «nuevo palio» de la Virgen del Mayor Dolor en su Soledad. Una auténtica delicia que ha ganado el Jueves Santo de Córdoba, así como otro de los grandes estrenos de este año, el Longinos de la Hermandad de la Piedad de Palmeras, obra de Antonio Bernal, que se une al misterio que preside uno de los crucificados más rotundos de la ciudad. Dos lujos.

Los meteorólogos
Que el tiempo no es una ciencia exacta se comprueba cada día tras el telediario. Pero el fallo generalizado de no dar lluvia el Miércoles Santo en Córdoba y que se mojaran las seis cofradías es algo para hacérselo mirar.
La gestión de la lluvia
Con una Semana Santa primaveral, en lo que a la frecuencia de las precipitaciones se refiere, saber qué hacer era todo un reto para las hermandades. Y así se vio, por ejemplo, el Sábado de Pasión, cuando la Presentación al Pueblo caminó a un ritmo espectacular hacia la Catedral y, pese a sufrir el gran chaparrón, con un recorrido muy extenso, la cofradía de Cañero supo no descomponerse y ser consecuente con su decisión. Menos comprensible resultó, ese mismo día, que La O esperara más de una hora para salir cuando su recorrido (mucho más cómodo) le hubiera permitido estar mucho más tiempo en la calle o, directamente, haberse ahorrado el chaparrón. Pero la gestión de la lluvia siempre es compleja y está cargada de matices, como se vio con la decisión de no salir del Císter el Martes Santo.

La puesta en escena
Dos cofradías, curiosamente ambas afectadas por la lluvia del pasado Lunes Santo, han demostrado una apuesta en escena de muy altos vuelos, la Merced y la Estrella. En ambos casos ha sido una delicia verlas en calle, desde la cruz de guía hasta el último músico. Dos cofradías que tienen meridianamente claro lo que son y que tienen meridianamente claro que quieren seguir siéndolo.
Otra cofradía que se ha convertido en una delicia en la calle es la Soledad, cuya evolución desde que tomase la valiente decisión de trasladarse a Santa María de Guadalupe es incuestionable. El crecimiento experimentado por la Cofradía franciscana debería ser un ejemplo a tomar por algunas hermandades cuyo estancamiento es un hecho, porque es muy complicado crecer en el entorno en el que habitan.
En el aspecto negativo, las cofradías deben seguir cuidando la imagen de sus cortejos, en los que continúan viéndose zapatillas de deporte, uñas pintadas, pestañas maquilladas asomando por el curerrostro. El nivel se demuestra también en los detalles, y en ocasiones estos han dejado bastante que desear.
El otro gran lunar, el clásico de cada año en este apartado: la cofradía Universitaria. Salvando lo más importante, las dos imágenes, maravillosas ambas, y el capataz Enrique Garrido, el resto sobra por completo. A ver si en algún momento alguien con un poco de lucidez se atreve a meterle mano a esta broma, que meterse con la Salud de Puerta Nueva es muy fácil. Córdoba no se merece determinadas cosas y las dos imágenes sublimes de la hermandad, tampoco.

Los exornos florales
Uno de los aspectos en los que las hermandades cordobesas continúan evolucionando en positivo es en el de los exornos florales. Un campo poco cuidado en el pasado que ha presentado una muy interesante evolución en positivo en los últimos tiempos. En este capítulo podemos destacar al paso de palio de la Merced, el palio de la Estrella, el de la Virgen del Amor o el paso de Jesús Caído.
El público
La poca vergüenza de parte del público que acude a ver procesiones es uno de los grandes hándicaps de nuestra Semana Santa. Sujetos que exigen estampitas o cera hasta el punto de zarandear al nazareno. Lo más llamativo es que no son los niños quienes se comportan de este modo sino personas talluditas. Un auténtico bochorno derivado de la falta de educación y de la ausencia total de respeto.
También resulta destacable la incapacidad metafísica que impide aplaudir a gran parte del público. Ya puede hacer una cuadrilla la chicotá del siglo que es prácticamente imposible que reciba el beneplácito del respetable en forma de aplauso. Un problema que se hace especialmente acuciante en carrera oficial donde los abonados parecen ser más incapaces de aplaudir que María Jesús Montero. A sensu contrario, es prácticamente imposible que se guarde silencio y el respeto que merecen hermandades de negro. Falta un poquito de formación en este sentido.

Las mantillas
Comienza a ser urgente que las hermandades recuerden las normas de protocolo que hay que observar para vestir mantilla, que no es una prenda para el lucimiento personal. Sería aconsejable que vestidos de noche, chaquetones de «peluche» y plataformas se dejasen en casa cuando se viste de esta guisa detrás de un paso. Alguien tendría que empezar a controlar este asunto.
Los niños
Alguien ha dicho, en las últimas horas, que nadie olvide que todo esto de la Semana Santa es por ellos y para ellos: los niños, nuestro futuro. Inundando con su alegría las calles en busca de la estampita perdida y los cortejos con sus sonrisas y su ilusión. Que nadie apague su espontaneidad, encorsetada cuando se convierten en adultos. Ellos tienen que salir a disfrutar y a ser felices vestidos de nazareno. No les demos el coñazo con que en carrera oficial hay que estar muy serio como si tuvieran un palo pegado en la espalda. Dejémosles ser niños. Dejémosles que disfruten, que se rian y que se emocionen.

Obispo vs. arzobispo
El contraste entre la frecuente presencia en la calle del arzobispo de Sevilla, José Ángel Saiz Meneses, que este año hasta ha estado en Campana en la Madrugá, acompañado de Bernardino Auza y ha vuelto a visitar a diestra y siniestra a las cofradías de todo el ciclo e incluso de vísperas, frente a la casi absoluta ausencia del obispo de Córdoba, Demetrio Fernández González, únicamente presente en la procesión oficial del Santo Entierro, es absolutamente chocante. Llega un nuevo obispo a Córdoba. Esperemos que tome ejemplo del Papa que se nos acaba de marchar y decida mezclarse más con su rebaño, prefiriendo ser también un pastor que huela a oveja. Nos hace falta, monseñor.
El tiempo
«La Semana Santa cae en abril, a dos semanas de mayo… Qué calor vamos a pasar… No como en marzo… Me he comprado un vestidito de hilo para el Domingo de Resurrección…» El chiste se cuenta solo.






