El Altar de la Luna. Un bello suspiro en el tiempo de la memoria.
La Semana de Pasión linarense ha vuelto a relucir con el cielo de la primavera ante la multitud enfervorecida que presagiaba lo que iba a ocurrir tras una cuaresma formidable. La culminación de un trabajo de incalculable valor que se ha traducido en una puesta en escena ejemplar y con los visos de una recuperación flagrante tras el varapalo de los dos años de inactividad.
En esta ocasión el análisis surge en conjunción subjetiva con las vivencias de quien les escribe.
No obstante, no todo ha sido de color de rosas. Y es que ante una más que notable Semana Santa, muy favorecido por el clima acaecido durante los días pasionistas, muchas de las asignaturas pendientes siguen floreciendo cada año con la llegada de la luna de nisán. Unas materias que replantean la necesidad de la efectuación de una reconversión de la propia Semana Santa de Linares, comenzando por la exigencia de eliminar parones innecesarios en muchos de los cortejos que hoy en día procesionan por las calles de nuestra ciudad.
Quizá sea el efecto más visible, no el único, que acucia directamente al espectador de a pie, el cual se ve obligado a esperar largas horas de cara poder visionar procesiones que carecen de un número importante de nazarenos. No existen cortejos inabarcables en la ciudad que prioricen la necesidad de un tiempo de paso mayor a 45 minutos o una hora, así como, no existe una excesiva distancia entre las diferentes Cofradías y la carrera oficial linarense.
Así pues, y subrayando el tema del recorrido común, otra problemática que acucia directamente el sentido litúrgico de la estación de penitencia es que no existe esa estación de penitencia. Exacto. No existe, salvo alguna excepción, cofradías que realicen profesión de fe ante Jesús Sacramentado, algo incomprensible y susceptible de ser tratado en los organismos competentes como son la Iglesia y la Agrupación de Cofradías.
Aún así, mentiría si no dijera que la Semana de Pasión ha sido un éxito. Y ese éxito no podría haber sido alcanzado sin la música. Y es que las excelsa actuación de las formaciones musicales locales y foráneas ha creado el ecosistema perfecto para el desarrollo de instantes que quedarán grabados en la memoria colectiva de la ciudad. Muchos recordarán la contraposición de estilos que se produjo tras el paso de Nuestro Padre Jesús Nazareno de la mano de dos de las formaciones más importantes de Andalucía, como son Pasión de Linares y Rosario de Linares.
Asimismo, muchos de ellos habrán dado buena cuenta de la perfección en el andar de Jesús de la Columna con una de las agrupaciones del momento, la cadencia del palio de María Santísima de la Paz, la coreografía mágica del misterio de Jesús Orando en el Huerto o la suave mecida del trono del Santísimo Cristo de la Expiración con el estruendo de las cornetas en un marco incomparable como es este altar de la luna.
Muchas han sido las instantáneas que han quedado grabadas en la retina. Momentos gozosos que, sin duda, solo pueden acaecer en una semana. Una semana que transforma el alma. Una semana donde el sentir se hace oración y donde los problemas pasan a un segundo plano cuando el mismísimo Dios asoma por el dintel de la Parroquia. Luni Arae, eterna ciudad de Semana Santa.





