El Respiradero, 💙 Opinión

Luz Purísima

La tenue luz de la llegada invernal acariciaba la cal de las fachadas. Tras las rejas de los cierros de antiguas casas señoriales, mujeres mayores se arreglaban para salir a la calle. En la mesilla de noche, sus mejores alhajas; en la cómoda, el perfume nuevo; y antes de salir, el suspiro ante el cuadro de la Virgen a la que le rezan desde el colegio.

El día de la Purísima no es un día cualquiera en Morón. El pueblo de Fernando Villalón recobra toda la esencia y el esplendor que ha albergado en su mejor tiempo. La Parroquia de San Miguel tenía la solemnidad catedralicia que las medidas del templo la autoriza. Y allí en un rincón, la Inmaculada Concepción a punto de entrar en muchos corazones.

A la hora de la tarde cuando el sol se relajaba en un pulso que se presumía que ganaría la luna, salía a la calle la Patrona de Morón. El cielo tenía un azul murillesco. Todo era una pintura.

La Virgen a un paso medido llenaba las calles de elegancia. Todo era perfecto. Ella traía la Gracia en forma de manos orantes. La Divinidad estaba puesta en la calle en un tiempo que cuesta encontrar a Dios. Y el cielo tiznado de rosa, dejando paso a la luna, confirmaba que Morón había llegado a un espacio donde se rompe el tiempo.

Las calles estaban llenas de María. A lo lejos un niña contemplaba a la Inmaculada embobada. ¿Qué pensamientos tendría aquella alma tan pura al verla? ¿Qué hablarían las Hermanas Jerónimas con la Virgen en la entrada del convento? El resto sólo podían escuchar sus cánticos en forma de oración. Pero había algo más.

En el interior de cada moronense transcurría un diálogo continuo con la Virgen. Cada uno de ellos guardaba la misma intención. Perderse en su Belleza. Era la Hermosura de María la que guiaba el corazón de todos los que se acercaban bajo su luna.

La luz artificial era ahora la que estaba presenta en la procesión. Ésta seguía entre vítores. Cada palmo que ganaba la Inmaculada era un corazón conquistado, una lágrima suelta, un beso profundo.

El éxtasis era una realidad. Ya no había vuelta atrás. Todo quedaba prendado en la dulzura de la Virgen Niña. La calle, daba igual cuál fuese, era un auténtico vergel. El paraíso idealizado donde María muestra que vence al pecado con la Pureza que en este vil mundo quieren cuestionar.

Ahora. Días más tarde. Resuena en la profundidad de la Sierra de Morón las últimas notas de ‘Bajo Tu Amparo’ y el Himno de la Inmaculada… que en nuestro pecho tiene Su Altar. Quien estuvo en Morón en la tarde de la Luz Purísima no puede negar que ahora una parte de su corazón la tiene conquistada la Inmaculada. Tanto amor repartió la Virgen que ahora los pechos están abiertos.

La nostalgia nos consume cuando durante unas horas pudimos llegar de su mano al cielo que nos tiene prometido. La Inmaculada Concepción, Patrona de Morón tendrá siempre nuestro amor y nuestro pensamiento hasta el día que el azul de la tarde nos lleve a la Luz.

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