Opinión, Sendero de Sueños

Luz que guía el sendero…

Eso eres Tú. El faro que alumbra las noches oscuras. El destello que busco cuando el camino es demasiado angosto y no sé por donde seguir. La candela que calienta las noches frías del camino y alumbra las tinieblas…

Luz… Eso eres Tú. Y lo sé porque lo vi reflejado en tus ojos. Vi como me reflejaba en tu mirada. Vi como tus ojos se clavaban en lo más profundo de mi alma.

Y me hablaste. No hizo falta que yo lo hiciera. Ni siquiera articulé palabra cuando Tú me dijiste que siguiera andando, recorriendo ese sendero de sueños que tuve desde pequeña. Que el camino es duro… «recuerda los caminos en el 2016..», me dijiste. «Aquí estuvisteis todos conmigo. No os asustaron las lluvias, los barrizales ni las tormentas… Yo os acompaño siempre. Soy vuestra madre. Y nunca abandono».

Sonreí. No pude hacer otra cosa. ¡Era feliz! Era tan inmensamente feliz que ni la mascarilla podía disimular la sonrisa. Una sonrisa adornada de jazmines y nardos. De amapolas y margaritas. De lentisco, jara y romero. Fresca como las aguas del Quema. Intensa como la Raya Real. Sonora como las campanas repicando…

Y todo fue porque encontré mi luz… La luz que alumbra el Sendero de Sueños que siempre anhelé.