Heredera de 3 generaciones de artistas, regente uno de los talleres de bordados más prestigiosos de Andalucía, con una trayectoria impecable a su espalda.
Carla Elena se sincera con Gente de Paz sobre sus comienzos en el taller, el legado de su padre, el proyecto más complejo desde que dirige la centenaria empresa o las vivencias cofrades en Semana Santa.

• ¿Cuando se interesó por continuar la tradición familiar de los bordados?
Empecé a pensar en continuar con el taller cuando mi padre pensó en jubilarse. Yo me crié allí y para mí era mi vida, y por tanto veía algo imposible que se cerrara.
• ¿Qué le gustaba estudiar de pequeña?
Siempre he sido muy artista. Mi inquietud iba por las Bellas Artes, aunque también por antecedentes familiares (mi madre y mis tías son maestras) sentía ilusión por el magisterio.
Hablé con un tío mío que se dedicaba a las Bellas Artes y me asesoró también. Y a partir de ello pensé que quizás me convenía hacer restauración, y después especializarme en restauración de tejidos.
«Y a partir de ello pensé que quizás me convenía hacer restauración, y después especializarme en restauración de tejidos»
Así me decidí y eché los papeles en Bellas Artes. Me informé en el IAPH sobre cómo especializarme en restauración y tejidos, e hice una experiencia formativa en el taller de tejidos.
Es cierto que lo que nosotros hacemos en el taller no tiene nada que ver con lo que se hace en el instituto, aunque sí es verdad que esa formación me ayuda mucho a la hora de afrontar los pasados y las restauraciones de una manera totalmente distinta.
Incluso es una forma muy diferente a como lo hacía mi padre.
• ¿Qué técnica utilizaba su padre?
Él tenía la escuela y la forma de trabajar de los talleres antiguos. Por ejemplo, se consideraba que los adornos como el perfilado, las lentejuelas o los canutillos era algo de lo que se podía prescindir; poniéndolo incluso de menor calidad porque se pensaba que era algo susceptible de sustituirse en cualquier momento.
Eran las mentalidades que había antes, y que nosotros estamos intentando cambiar. De hecho, muchas de nuestras restauraciones son completamente conservativas, en las que se mantiene absolutamente todo incluyendo el perfilado si lo tiene en buenas condiciones.
Es otra forma de hacer las cosas que yo adopté gracias a la formación en el taller de tejidos del instituto.
• ¿Y qué pensaba su padre de esas nuevas técnicas?
Pues muchas veces era complicado cambiarle el chip a él o a las trabajadoras de mi taller de esas edades porque como indicaba son otras mentalidades.

• ¿Qué recuerdos tienes de tus antepasados en el bordado?
Mi tía Esperanza murió cuando yo era chica, pero tengo recuerdos más familiares que profesionales, aunque también la vi muchas veces bordando en el taller. Pero yo era tan pequeña que no echaba cuenta de eso.
Respecto a mi padre, se pasaba muchas horas trabajando. Era su vida. Siempre estaba dibujando, haciendo diseños y sin parar.
Todo lo que yo he aprendido ha sido gracias a él, pero jamás me incitó a que me quedara con el taller.
Y cuando se jubiló, me ayudó durante mucho tiempo en el taller. Y yo cogí mucha experiencia porque no paraba de preguntarle.
«Todo lo que yo he aprendido ha sido gracias a él, pero jamás me incitó a que me quedara con el taller»
• ¿Y cómo fueron esos inicios profesionales?
Junto a mi padre, ya que él no fue un jubilado al uso. Es decir, hasta que se puso enfermo, él continuaba bajando al taller. Entonces legalmente el taller ya lo llevaba yo pero en la práctica lo seguía dirigiendo él.
Luego yo fui metiendo mi criterio, y él me escuchaba y lo respetaba bastante.
• ¿Cuáles fueron sus primeros trabajos de forma más autónoma?
Pues aunque mi labor fue la continuación de la de mi padre, uno de los primeros trabajos en los que yo estaba ya al frente fue la restauración del palio de la Hermandad de las Penas de San Vicente, que es una cofradía que desde siempre ha venido al taller y son muy de la casa, con personas que mi padre conocía de muchos años, y yo también. Por ello fue el trabajo muy fácil.
Las relaciones y el tipo de cliente son fundamentales en este trabajo, ya que es lo que marca que se haga las cosas de una manera o de otra.
«Las relaciones y el tipo de cliente son fundamentales en este trabajo, ya que es lo que marca que se haga las cosas de una manera o de otra»
Pero la primera obra que hice ya sin ayuda de mi padre fue la túnica bordada del Cristo de la Salud de Los Gitanos. Yo sabía que iba a ser una obra muy importante por todo lo que implicaba: Era una recuperación de una túnica de Rodríguez Ojeda, los fieles no estaban acostumbrados a verlos con túnica bordada, no se sabía si la luciría en el paso… No fue además un encargo de la hermandad, sino de un grupo de hermanos.
Lo recuerdo como el trabajo más complejo entre los primeros que realicé, y afortunadamente salió bien. Y al Cristo le quedaba clavada, con todo en su sitio. Estoy muy orgullosa de ese trabajo.
«La recuperación de la túnica de Ojeda para el Señor de la Salud de Los Gitanos fue el trabajo más complejo entre los primeros que realicé»

• ¿En qué momento cree que se encuentra el bordado ahora mismo?
Hay quizás demasiados bordadores, pero no soy quién para decirle a nadie que puede o no puede estar. Es cierto también que todo lo que rodea a la Semana Santa está sobredimensionado. Y el tema del bordado parece que va bien porque cada vez hay más talleres.
Pero igualmente hay que preguntarse: ¿De dónde salen tantos talleres? Ya que no existe ninguna escuela que enseñe bordados, ni siquiera en la escuela de arte. Y yo he visto y leído a personas que se jactan de ser autodidactas.
Y eso no puede ser porque este oficio tiene unas técnicas y una forma de trabajar muy concretas. No es tan fácil. En el bordado por mucha formación que tengas, te van saliendo dudas porque llegan nuevos retos ante los que tienes que pensar la mejor forma de sacarlos adelante.
«Este oficio tiene unas técnicas y una forma de trabajar muy concretas»
Y por otra parte, también es verdad que ahora tal vez pequemos de querer innovar demasiado y de qué todo el mundo ponga su sello particular.
• Al hilo de esta pregunta, en el bordado hemos tenido geniales visionarios que revolucionaron el oficio, como Juan Manuel Rodríguez Ojeda, Esperanza Elena o su padre. ¿Hoy se innova también como en ese momento?
Supongo que sí, pero es algo muy subjetivo. También hay que diferenciar entre innovar en la estética e innovar en la técnica. Innovar en la técnica me parece un error porque las cosas se hacen como se hacen, y yo tengo una historia detrás de la que no quiero cambiar ni una coma; y por eso sigo el esquema de cómo lo hacía mi padre o cómo lo hacía mi tía Esperanza.
Lo que quiero decir es que las técnicas son como son por una razón, e innovar en la técnica por motivos como ahorrar tiempo y con ello costes tiene su contrapunto; y suelen dar problemas en otro sentido. Repito: Las técnicas son como son.
«(…) Las técnicas son como son por una razón, e innovar en la técnica por motivos como ahorrar tiempo y con ello costes tiene su contrapunto (…)»
Por lo que respecto a innovar en la estética, no me parece mal. Ojo, si alguien restaura algo sin saber y usando según qué criterios, me parece muy mal porque hay que ser muy respetuoso con el original.
Ahora bien, si tú quieres hacer una obra nueva como te parezca mejor, allá el diseñador y la hermandad. Si a ellos les gusta, me parece respetable y no soy quién para decir nada; a pesar de que pueda tener mi opinión personal sobre ello.
• ¿Cree que la Semana Santa y las cofradías han sido el salvavidas del bordado?
Sí, por supuesto. Estoy convencida de que el día en que la Semana Santa se acabe, el bordado en oro tal y como lo conocemos también perecerá.
De hecho, ya hubo un momento en que eso sucedió. Mi taller está abierto desde 1917, y en la época de la República y la Guerra Civil no había apenas Semana Santa, y los talleres de bordados lo que hacían eran uniformes o banderas militares; y sobrevivió gracias a eso.
• La Asociación Gremial Arte Sacro ha solicitado en este tiempo de pandemia más ayuda y respaldo de las instituciones por la difícil situación por la que han pasado los artistas y artesanos. ¿Ha sido también su caso?
Claro. Ha sido difícil para todo el mundo. Date cuenta que nuestro trabajo no es un producto de primera necesidad, sino un producto de lujo al fin y al cabo.
Y en períodos de crisis los primeros que caemos somos nosotros. Entonces las ayudas han sido necesarias.
Otra cosa es que la forma que le hayan dado a esas ayudas sea la más útil, ya que como hay unos requisitos que cumplir no a todo el mundo le ha llegado. Pero sí que es verdad que han venido bien.

• Una de las hermandades para las que ha trabajado su taller es la Macarena, a través de proyectos como la restauración de la saya de la Coronación Canónica, obra de las hermanas Martín Cruz. ¿Qué ha supuesto para usted?
Bueno, mi familia es muy Macarena y para la cofradía he trabajado varias veces. Y en el caso de esta hermandad son muy exigentes porque tienen mucha gente detrás que vigila todo lo que haces y cómo queda el resultado. Se trata de una responsabilidad muy grande, pero siempre es un placer.
Y la saya de las Martín Cruz es un compendio del bordado. Son trabajos muy bonitos además porque aprendes mucho de cómo se realizaba. Yo creo que ha quedado muy bien y estoy muy contenta con el resultado.
«La saya de las Martín Cruz para la Macarena es un compendio del bordado»
• La Macarena además ha acometido entre los años 2020 y 2021 la restauración del manto de la Coronación, encargándose el IAPH de los trabajos. ¿Qué le ha parecido la intervención sobre la obra de su tía, Esperanza Elena Caro?
Muy bien. Con las intervenciones que hace el instituto no tengo ningún pero porque hacen lo que saben hacer. Todas las obras del bordado tienen una vida útil que pasa por diferentes períodos y momentos.
Entonces hay etapas que requieren una actuación conservativa, como ha realizado el IAPH; y otros casos en los que ya te tienes que plantear un pasado por cuestiones concretas como que el tejido base esté en muy mal estado. Todo tiene su momento, y en este momento la hermandad ha decidido intervenir, y con buen criterio se lo han llevado al mejor sitio al que podían llevarlo.
• Pasando a la faceta más cofrade, ¿cuáles son tus hermandades?
Pues tengo varías, y además con la faceta del taller salieron muchas hasta de otras provincias, como la Esperanza de Málaga.
Pero la que yo he vivido desde siempre ha sido la Bofetá porque vivo al lado de la parroquia. Además había una señora en el taller, hermana de la Bofetá, que era una institución en Sevilla; y a todos los niños que nacíamos en el taller nos hacía hermanos de esta cofradía.
Luego también de la Macarena como comentaba anteriormente, que es la hermandad de la familia y somos hermanos incluso antes que de la Bofetá. En ella seguimos saliendo mi hermano y yo.
Y luego soy hermana de Las Penas de San Vicente, El Rocío de Sevilla o La Lanzada por matrimonio (mi marido es de ella) y de la Virgen de los Reyes. Éstas son las más personales.
Después hay muchas otras por motivos profesionales y de amistad.
• ¿Cómo es su Semana Santa en condiciones normales?
Pues en condiciones normales muy mal. Y digo esto porque recuerdo que cuando era chica iba absolutamente a todo: Limpiar plata, montar altares, etcétera.
Pero ahora en Cuaresma estamos hasta arriba de trabajo, y cuesta tener un fin de semana libre. Entonces mis previas de Semana Santa son esos nervios por prepararlo todo y entregar los trabajos.
Y luego yo tenía cierto trauma porque veía a mi padre trabajar hasta el Miércoles Santo, y entendía que eso no podía ser.
Por ello nosotros estamos en el taller a veces hasta el mismo Sábado de Pasión, para que el Domingo de Ramos pueda ir tranquila estrenando mi traje con mis niños; y así el resto de la semana en las sillas de la Campana, que es desde donde veo las cofradías.
• Y volviendo al arco, ¿qué supone para ti la Macarena?
Ella es otra cosa. La Macarena es la Virgen en mayúsculas, y cualquiera que la vea por la calle termina agachando la cabeza.
Me sigo emocionando cuando sale en la Madrugá, y me harto de llorar cuando llegamos a la basílica.
«La Macarena es la Virgen en mayúsculas, y cualquiera que la vea por la calle termina agachando la cabeza»
Y a mí me gusta diferenciar lo que son las Imágenes de la hermandad, ya que al ser tan grande queda en apariencia algo inaccesible; y sin embargo las imágenes siempre están ahí.

• Para terminar, y recuperando uno de los versos más bellos del Pregón de Antonio Murciano, ¿cómo te gusta más la Macarena?
A mí me encanta cuando la visten de Elena Caro, que tiene de todo: El palio, los faldones, el manto de la Coronación o la saya de volantes. Entonces eso es lo que más me mueve, por razones obvias.





