Córdoba

Manuel Jiménez: «Cuando me he vuelto a encontrar con Ella ha sido un instante de mucho sentimiento, como regresar a mi infancia»

«Cuando me he vuelto a encontrar con Ella ha sido un instante de mucho sentimiento, como regresar a mi infancia, a aquellos recreos en los que, en lugar de jugar al fútbol, me metía en la capilla y me ponía a su lado. Me ha causado mucha ternura, he sentido de nuevo esa niñez, esa candidez… «. Así ha expresado un emocionado Manuel Jiménez, que se ha mostrado muy agradecido con el trato exquisito que le han brindado las camareras del Prendimiento, el sentimiento que le ha embargado cuando ha vuelto a encontrarse cara a cara con la Virgen de la Piedad, con motivo de la primera vez que sus manos han vestido a la dolorosa salesiana después de su reciente nombramiento confirmado el pasado 5 de febrero.  Y es que Manuel Jiménez mantiene con la casa salesiana -a la que pertenece la hermandad. una vinculación sentimental muy especial derivada de su formación académica, ya que allí desarrolló toda su trayectoria escolar.

Se da la hermosa circunstancia, como explicamos con motivo de su nombramiento, de que la Virgen de la Piedad fue la primera dolorosa que Jiménez, con nueve años, vio vestir a manos de Antonio Muñoz, en un cuartito pequeño contiguo al Santuario, donde Muñoz la ataviaba, lo que incorpora un componente cargado de especial emotividad para Jiménez que vuelve ahora a estar de nuevo ante la Virgen de su niñez, la Virgen de su colegio, a la que iba a ver cada Semana Santa desde la casa de su abuela. Recuerdos que ahora retornan al pensamiento del nuevo vestidor de la dolorosa salesiana.

Una dolorosa que luce brillantemente de hebrea, como es tradicional en esta época del año, en virtud del sello peculiar, personal e intransferible de Jiménez, que muestra despejado el cuello de tal modo que se aprecie el movimiento que la imagen tiene hacia el lado y que, como dato curioso, luce el pañuelo en la mano derecha en lugar de en la izquierda como era habitual en los últimos tiempos, mientras que ahora porta en ella el rosario y la corona de espinas. Una primera vez con la que «he disfrutado mucho», ha desvelado el vestidor que ha vuelto a propiciar un nuevo deleite de los sentidos por obra y gracia de su exquisitez y su magisterio.