En un acto que ha sido presentado por el periodista, Álvaro Pineda, Valera ha regalado una obra de muchos quilates
La sede de la Fundación Cajasol de Córdoba ha acogido, este miércoles, la Exaltación Cofrade, que ha estado a cargo de Manuel Valera Cerdá. En un acto que ha sido presentado por el periodista, Álvaro Pineda, Valera ha regalado una obra de muchos quilates, en la que ha sabido conjugar la prosa poética con versos, para presentar una pieza literaria de gran interés.
“Recobra viveza remozando sus fachadas, encalando sus defectos, y aromando sus desgracias. Presumiendo de los títulos que la Unesco le otorgara, que para ella son nada comparados con el beso de pies descalzos del Cautivo Rescatado, heridos y desgastados por plegarias interminables de inefables viernes y marzos. Con la caricia de un sudario que peina la mano inerte dando su último abrazo a una Madre rota por sus Angustias o con el brillo de un corazón traspasado de Dolores que en el pecho de la Señora bruñe el rezo diario de los ancianitos atendidos en su residencia”, ha regalado el exaltador en la primera parte de su intervención, a la par que que ha pronunciado unos versos, con el azahar como vínculo de la primavera que renace como preludio a la Semana Santa.

La identificación de aquella “con el pueblo” ha resultado una de las partes más significadas de su pregón. “Un pueblo que sale al encuentro jubilar de un Gitano y una Niña de tez aceitunada que despiertan arrebatos de Esperanza a su paso, y de una Cruz que abraza el Rey de Reyes regalando vida en unos ojos azules de Dulce Nombre y de un calvario desamparado que alivia Penas por el dogma de la Concepción más pura y limpia de María”.
Epílogo
Un poema final ha puesto el broche a una exaltación de altura, que ha guiado al umbral mismo de la Semana Santa:
“Metan pabilo en las cestas, afinen cornetería,
desplastifiquen insignias, pongan rampas en las puertas.
Fundan las candelerías, planchen túnicas y costales,
desconecten de sus males y disfruten de estos días.
En esta Córdoba llana de pureza y esplendor,
este humilde exaltador pone fin a su proclama
y sincero en su garganta les desea su ponencia”.





