Desde que nacemos, seamos conscientes o no, somos controlados a través de hilos invisibles constantemente en nuestras acciones, en nuestras decisiones. Decisiones supeditadas a nuestra personalidad, si es que ésta no está corrompida por expertos titiriteros que con sus movimientos llegan a ser capaces de manejar injentes cantidades de marionetas en su propio beneficio.
Asumo la cantidad de críticas que me caerán al pedir respeto por ser creyente, por no sentirme reflejado en comportamientos de la sociedad, y menos, cuando parte de algunos miembros de ésta, se consideran con la verdad absoluta de sus pensamientos, intentando provocar para reivindicar unos derechos que, en España, han sido alcanzados en gran medida.
La reivindicación del Orgullo Gay es, en multitud de ocasiones, una oportunidad para los que odian lo que la Iglesia representa. Puedo estar de acuerdo en que a veces la Iglesia no ha estado a la altura, pero no se pueden permitir actos donde lo único que se ve son pancartas insultando a los católicos – única y exclusivamente – con «performance» disfrazados lo más Sagrado, de manera ya no sólo irrespetusa, sino soez y con el único objetivo de provocar a los cristianos.
No, eso no es orgullo, ni reivindicación, es odio irracional y, en una jornada donde la lucha por los derechos ha de ser la bandera, emplean la provocación para llamar la atención, excluyendo a buena parte del colectivo LGTBIQ+ que si cree en Dios y es parte de la Iglesia.
Marionetas de una ideología basada en el odio, donde revolver tiempos pasados es parte de su intento de consecución del poder, que no se dan cuenta que honran a líderes políticos que masacraron al colectivo fusilándolos o encerrándolos en campos de concentración.
Las imágenes que la gente ve no son las de unas personas manifestándose de manera festiva, sino de personajes disfrazados de Jesucristo o la Virgen, desnudos crucificados, insultando a la religión mayoritaria y por consecuencia, a todos los creyentes, no sólo para llamar la atención, sino también por ese odio infundado e inculcado por esos titiriteros.
Eso no es reivindicación, no es para sentirse orgullosos, es necesario cortar los hilos de los titiriteros que buscan el odio y la confrontación, y más si el lema más repetido es respeto.
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