Suspira el querubín, observando avergonzado y en silencio las miserias de juntas de gobierno que obligan a escribir comunicados y se pliegan miserablemente a las órdenes y dictados del poderoso que dice pastorear, como si de un señor feudal se tratase. Suspira divertido, viendo como se vanaglorian de lo logrado a costa de expulsar al discrepante y plegarse a las órdenes del tirano que les manda.
Suspira el ángel, entre el bochorno y la repugnancia, por quienes pasaron factura de sus odios acumulados a quien tuvo los arrestos de ponerles ante el espejo de sus incongruencias, tratando a sus propios hermanos como si de idiotas se tratase, y se muestran como cobardes frente a quien maneja su casa por miedo a que se enfade y pague tanto vasallaje con la espada y la venganza.
Suspira el serafín, mutando en hilaridad la vergüenza ajena, consciente de que el tiempo pone a cada cual en su sitio y llegará el momento en que de tanto arrodillarse y tragar lo que haya que tragar, alguno termine atragantado, vendido, olvidado, repudiado y despreciado, cuando el dueño del cortijo decida que ha llegado el momento de cambiar de marionetas.





