Más caridad y menos procesiones

Los cofrades a estas alturas del año, ya hemos despedido aquella espléndida Semana Santa. Ya se han guardado los costales, las túnicas, las estampitas en la vieja caja de metal que de pequeños nos dejó la abuela, ya se nos ha quitado el olor a incienso de la ropa y guardamos alguna que otra flor que conseguimos, como si de un premio se tratara, en la estantería para recordar esta fabulosa Semana Santa. La vida ha vuelto a su cauce hace un mes. Las tascas cofradieras ya no hablan del boom que ha dado la banda de Nuestra Señora de la Salud -aunque para muchos, yo entre ellos, sea «la Banda de la Agonía»- o de como andaba el palio de Concepción con el estreno al martillo de David Arce. Ya las calles no huelen a azahar, ni a cofradías limpiando candelerías o cualquier otro tipo de enseres. Ahora Córdoba huele a mayo, y para los cofrades, huele a glorias. Si por un momento, echamos la vista atrás nos daríamos cuenta del aumento que se ha sufrido de procesiones catalogadas como «de gloria».

Por un lado, parece excesivo la manera en la que diversos grupos de personas, ya sean hermandades, grupos de fieles o un largo etcétera de estos, hagan un abuso de la religión. Entre extraordinarias por aniversarios, nuevas devociones o las procesiones de todos los años, suman un sin fin de protestaciones de fe que, llevadas al extremo, se tildarían críticamente de un abandono al catolicismo, pues ya no tendrían sentido católico y seria un «sacar por sacar». Procesiones extraordinarias innecesarias como son la famosas del «75 aniversario» desprestigian la palabra extraordinario convirtiéndola así en ordinario. Queridos señores que forman dichas juntas de gobierno: a esta ciudad le hace falta más caridad y menos procesiones fuera de la Semana Santa. Por que eso es otra. ¿Se ve tan reflejada la caridad como el gasto de la extraordinaria? Quizá se deba de notar más la caridad en una obra social importante que en una mera procesión.

Por otro lado, es verdad que hay que «darle en la boca» a nuestra excelentísima alcaldesa y a su corro de «pollitos» que apoyan cada idea absurda que procese la mente de nuestra Isabelita. Hay que demostrarle a esta señora que Córdoba es cristiana, y con ello, Córdoba es cofrade. Porque señora Ambrosio, quiera o no, en Córdoba nos gustan las cofradías y cada día somos más los que nos declaramos de este grupo social. Pero claro, como va usted a saberlo si ni tan siquiera se digna de asistir al palco de autoridades, aunque la verdad, creo que se dio cuenta de esto la noche del pregón cuando Córdoba aplaudía las críticas de D. Francisco Mellado hacia usted.

Como podemos ver, este mundo se convierte en un juego de naipes causado por un «toma y daca». Porque el cofrade siempre lo piensa y al mismo tiempo recibe una respuesta hipócrita. ¿abusamos de la religión o dejamos que nos la quiten? Respóndanse si pueden.