Más se perdió…

Se cumplen seis años desde que las Jornadas Mundiales de la Juventud se celebrasen en Madrid aquel verano de 2011. Entre todos los actos que se celebraron llamó poderosamente la atención el Vía Crucis que se tuvo lugar en Cibeles. Acudimos sorprendidos ante la riqueza de la imaginería española, comprobando una selección de las grandes obras sacras de nuestra geografía, que incardina la devoción popular de norte a sur y de este a oeste.

Y tampoco estuvo exenta de polémica la negativa de las corporaciones de Sevilla de no enviar representación de su semana grande a la capital española. La hermandad del Cachorro se negó, al igual que hizo la de la Esperanza de Triana con su titular cristífero. Que el mundo entero pudiera ver gracias a la televisión e internet la retransmisión de un acto de dimensiones más que considerables despertó, entre los que conocemos qué significan las imágenes, la duda de por qué Sevilla no estaba representada.

Gracias a las nuevas tecnologías entendimos también la razón de la misma. Y los foros tampoco se quedaron atrás, principalmente culpando ese chauvinismo exacerbado que nos hace colocarnos en el extremo de la balanza, frente a los que apostillaban “quien quiera venir que venga a verle”. Marcar la diferencia, dirán algunos de quienes apostaban por no enviar representación hispalense al Vía Crucis que se celebró aquel viernes 19 de agosto.

Y, cuando parecía que la participación de las imágenes en el acto estaba ya más que cerrado, la hermandad de los Panaderos dio un paso al frente entendiendo que aquel acontecimiento de grandes magnitudes ― y con un trasfondo histórico que solo los años magnificarán ― no podía quedarse sin representación sevillana. Enviaron la Virgen de Regla ― recuerdo magníficos planos de su belleza ― para cerrar un acontecimiento que fue seguido por millones de personas a lo largo de todo el mundo. La Virgen no podía faltar sobre todo en una España que no pocas veces ha sido calificada como “tierra de María”.

Allí estaba María Santísima de Regla, cuya imagen atribuían varios estudiosos a la Roldana ― hasta que en 2013 Francisco Amores Martínez encontró el documento que afirmaba que el autor de la imagen mariana era Gumersindo Jiménez Astorga ―, paseándose por las calles de Madrid y representando una Semana Santa de la que poco podemos decir que no hayan dicho ya los grandes a través de los siglos.