Málaga

Memorias de la Magna de Málaga: De malva y oro reinó Consolación y Lágrimas con su Banda de la Paz

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Uno de los acontecimientos cofrades más importantes de la década ha sido, sin duda, la Magna celebrada en Málaga capital con motivo del centenario de la Agrupación de Cofradías, que ha puesto en la calle a dieciséis hermandades y sus respectivos tronos, citando a gran cantidad de cofrades en la Capital de la Costa del Sol. Todo ello tras la desoladora época de la pandemia, algo que parece que comenzamos a superar por fortuna. Por ello, desde este portal nos hemos propuesto rescatar momentos de especial relevancia y belleza plástica -por un motivo u otro- a través de vídeos, haciendo una sección específica para ello. Sin ánimo de extendernos en demasía, se trata de ofrecer pinceladas de las maravillas que nos dejó la Magna malagueña.

Uno de los majestuosos tronos que procesionaban era el de la Virgen de Consolación y Lágrimas, de la Archicofradía de la Sangre. Un trono que está marcado por la llamativa tonalidad del terciopelo color malva y los brillantes bordados en oro, todo ello diseñado Eloy Téllez Carrión, con ejecución de Juan Rosén (2012), viniendo a resultar en un conjunto maravilloso de principio a fin.

En la Plaza de la Aduana se vivían momentos de mucha emoción al tránsito de la Virgen de Consolación y Lágrimas, portada con gallardía por los sufridos hombres de trono que volvieron a demostrar, una vez más, el amor por su titular, cuya autoría es anónima aunque se atribuye a Fernando Ortiz entre los siglos XVII-XVIII.

Allí, la Banda de Música de la Paz, que volvió a demostrar una vez más que se encuentra en un momento musical que la sitúa a la vanguardia de las bandas de música de Andalucía de manera incuestionable, interpretaba uno de los himnos oficiosos de esta crisis pandémica que nos ha tocado vivir. Sonaba «Siempre la Esperanza«, de Jesús Joaquín Espinosa de los Monteros, deparando momentos cargados de sentimiento y júbilo al son de la obra y el mecido de la dolorosa a compás. Pese a lo insistente de los continuos aplausos, los músicos de la Banda de la Paz no perdían ni un ápice de sonoridad tras el trono, sobresaliendo de forma más que llamativa las cornetas de la misma.

El excelente binomio que conforman tanto la cofradía como la banda malagueña volvió a brindar momentos que pasarán a la historia, enamorando a todo aquel que desconocía de la existencia de la hermandad y de la formación, y, por qué no decirlo, volviendo a enamorar a quienes sí la conocían. Contemplar a la Virgen de Consolación y Lágrimas bajo su imponente y original trono malva y oro vino a ser, como cada Miércoles Santo, un auténtico deleite para todos los sentidos.