Mi luz interior | Cuando el chisporroteo se vuelve petardo

Ocurre a veces que el chisporroteo, tan simpático y ocurrente y generador incansable de buen rollo generalizado, termina convertido en un petardo de los que hacen ruido, sí, pero con más humo que luz. Le pasó esta semana a cierta pluma festiva —ya saben, ese articulista de verbo chispeante que alegra las mañanas dominicales con su ingenio entreverado de confidencias de alta alcurnia cofradiera— que anunció, con entusiasmo y presunta certeza, que “no podremos ver el manto azul de Juan Manuel, ahora propiedad del Desconsuelo de Jerez” sobre la Virgen de la Amargura. Y añadía que, aunque “eran los deseos iniciales”, finalmente “no ha podido ser”. Seguro que saben de quién les hablo. Ese columnista, respetuoso y elegante, a quien muchos aseguran identificar, pese a que escribe desde el anonimato, y que yo no tengo ni idea de quién es.

Pues bien: sí ha podido ser. Y será. Y lo veremos, tal y como pueden leer en la noticia que les adjunto. El célebre manto azul bordado por Juan Manuel Rodríguez Ojeda, una de las piezas más celebradas del patrimonio textil cofrade, lucirá esplendoroso este domingo en el besamanos extraordinario de la Virgen de la Amargura. Un gesto de enorme generosidad por parte de la Hermandad del Desconsuelo de Jerez que, con exquisita fraternidad, ha cedido esta obra maestra para un reencuentro histórico.

Y es ahí donde el chisporroteo revienta, con estrépito, en pleno San Juan de la Palma. Porque no hablamos de un detalle menor ni de una suposición inocente. Se trata de una afirmación rotunda, una sentencia lanzada con aire de exclusiva, que la realidad —inmisericorde, como suele ser— ha desmontado con la simple persistencia de los hechos.

En el fondo, hay algo entrañable en este costumbrismo de la predicción aventurada, tan propio de nuestra tierra. Pero una cosa es lanzar con gracia un comentario de barra y otra muy distinta es meter la pata con el entusiasmo de quien no ha contrastado ni el principio. Un poquito de rigor, que estamos hablando del manto de Juan Manuel, no de la lista del súper.

No pasa nada. Todos tenemos días malos. A cualquiera se le escapa una ilusión disfrazada de certeza, un susurro de sacristía que se convierte en dogma con solo rozar el teclado. Pero para la próxima, menos fuegos de artificio y más cerillas secas. Que el pronóstico a lo François Gallardo puede ser muy entretenido, claro que sí, pero si además viene acompañado de información contrastada, ya no es solo una cuarteta de Nostradamus: es periodismo. Ese «periodismo profesional» que tanto cacarean algunos, creyendo que tiene que ver con un título y no con informar; no confundir con cotillear. Que una cosa es ser licenciado en derecho y otra, muy distinta, ser abogado. ¿Se me entiende?

Así que, si aún no lo han visto —y créanme, deberían— no se pierdan este domingo la oportunidad de contemplar esa joya del bordado sevillano, vuelta a casa por unas horas, componiendo una escena impagable, que marcará época. Y si se cruzan con alguien que anda aún digiriendo el petardazo, consuélenlo: la pólvora es caprichosa, y en esta ciudad hasta el error tiene duende.

Eso sí, para la próxima: menos chisporroteo… y más encendedor de precisión. A menos que quiera volver a regalarnos una buena dosis de risa, que es bastante mejor para la salud que la mala baba y el reparto indiscriminado de carnets de meacolonias.