El viejo costal, 💙 Opinión

Miguel…

La vida nos prepara muchos tragos, unas veces buenísimos, otras veces no tanto. Y yo vengo hoy domingo de beber uno grande, de hiel, sangre y cieno. Amargo, duro y muy largo de beber.

Lloramos por tu perdida desde ayer, tus amigos, tus familiares, tu pluma ahora quieta, tu piano, tus palomas, tu Piedra Escrita, tu capataz y muchos de sus costaleros, además varios miles de aficionados al carnaval de Córdoba, y algunos de Cádiz.

Llora el cielo de Córdoba, y con el tañido lento de las campanas de Santa Marina, compungido, mi corazón, ya roto, vi cómo te llevaban por la calle Mayor de Santa Marina, por tu barrio, y a cada golpe de badajo, la ciudad me oprimía, me apretaba alma que no otra cosa, y Miguel, ahora ya no estás con nosotros.

Si hablo de Miguel Amate, ese señor dueño del carnaval de Córdoba, un caballero de las letras, músico, poeta, cofrade, si, cofrade, sin duda alguna, Cofrade. Porque, si algo tenía Miguel era esa facilidad tremenda para adaptarse al momento y vivirlo exprimiendo cada gota de la vida, y como poeta, viendo y sintiendo cada instante, si no lo creen busquen y lean las letras de sus pasodobles.

Miguel siempre tenía claro que cada momento tiene su causa, recuerdo como hablaba con pasión del Miércoles de Ceniza, del Domingo de Piñata y como la Agrupación no lo tenía nada claro, mezclando cuaresma con carnaval, todo empieza por la “C”.

Yo le escuché tararear una saeta, donde defendiendo a su barrio, como siempre, le cantaba a la Virgen de la Esperanza la pena que le daba verla pasar de largo de Santa Marina para San Andrés, que recuerdos Miguel, cuando ninguno de los dos, teníamos voz, ni tú para cantar, ni yo para realizar la exaltación a la Saeta, en tu peña de la Piedra Escrita, y a pesar de eso cantaste y yo exalté.

Y lo siento por los que aquí nos quedamos, has dejado huella, a tu estilo, sencillo Miguel, como tu pregón de carnaval, le has dado tanto nivel y altura que lo va a tener difícil los que detrás vengan, como todo lo que hacías, si, tú con facilidad hacías todo casi perfecto, el que venga se esforzará en mejorar, si lo haces mal, cualquiera triunfa, ¿no?. Yo te recuerdo de contraguía en la Virgen de la Palma, en Humildad y Paciencia, como capataz con la Victoria, ya siendo de gloria. Y como amigo, siempre, como caballero destacado, eternamente amigo, hombre bueno y buena gente.

Le demostraste a Córdoba, que se podía intentar el asalto al templo de los ladrillos colorados, y allí llevaste y enseñaste trozos inmensos de tu corazón, tenías tanto que había para todos, un buen trozo del mismo se quedó en la tacita de plata, en los arcos de San Lorenzo, en la puerta del cocherón de Capuchinos, desparramado por la Piedra Escrita, por toda Santa Marina, por Moriscos, y entre las manos de todos los que te quisimos. Te admiramos, y ahora no podemos tenerte para abrazarte, amigo que la espera te sea leve, y cuando te vea, seguiremos hablando de pasos, del Miércoles de Ceniza, de la Piedra Escrita, del carnaval, de tus palomas y de nuestra Semana Santa.

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