Dos acontecimientos nos han marcado para siempre esta semana, la destrucción de la Cruz de las Descalzas en Aguilar de la Frontera y la explosión en la casa de la Parroquia de la Paloma. Con todo esto solo nos queda un mensaje: ven a mí, carga con tu Cruz y sígueme.
Corren tiempos complicados para los católicos, la persecución cada día es más real y latente en nuestras calles, no se basa en la acción directa y propagandista si no en la censura y el daño silencioso. Ante esto no debemos callar, pero tampoco tomarlo como un contraataque. La respuesta es clara, abrazar la cruz, ponernos las zapatillas y trabajar dando ejemplo por un mundo mejor.
La oración como fuente espiritual de salvación para todos debe ser nuestro eje, ser capaces de arrodillarnos de nuevo ante el madero de la Salvación, porque el Señor siempre tiene su Corazón abierto para nosotros, y perdonando a los que nos ofenden. La Cruz prevalecerá siempre le pese a quién le pese.





