Montoro reafirma su devoción en el traslado de la Virgen del Carmen y Nuestro Padre Jesús a Santa Ana
La ciudad de Montoro protagonizó este viernes una jornada de profundo significado espiritual con motivo del penúltimo traslado de evangelización previo a la Coronación Canónica y Pontificia de Nuestra Señora del Carmen, prevista para el 27 de septiembre. La emotiva procesión congregó a centenares de fieles que acompañaron a la Virgen del Carmen y a Nuestro Padre Jesús Nazareno en su itinerario hacia la ermita de Santa Ana, en una imagen que quedará grabada en la memoria colectiva de la ciudad.

El cortejo, que inició su recorrido a las nueve de la noche desde la iglesia del Hospital Jesús Nazareno, estuvo acompañado por las marchas de la Banda de Cornetas y Tambores Amor y Paz, que aportó el tono solemne a una noche marcada por la intensidad del fervor popular. Durante todo el trayecto, se palpaba el sentimiento de un pueblo que se entregaba con devoción al paso de sus titulares por las calles aledañas al Guadalquivir.
La participación de la Cofradía de la Entrada Triunfal en Jerusalén, conocida como La Borriquita, constituyó uno de los momentos más destacados del recorrido. Sus cuadrillas se encargaron de portar durante parte del trayecto los pasos de ambas imágenes, en un gesto que subrayó el carácter fraterno del acto. La llegada a la ermita de Santa Ana, engalanada para la ocasión, fue acogida por una multitud entregada que recibía con júbilo a Nuestro Padre Jesús, “el Rey de Montoro”, y a la Virgen del Carmen.

Frente a la escalinata del templo, el Coro Rociero de la Borriquita interpretó la sevillana Silencio ante Nuestro Padre Jesús, preludio de la marcha Silencio Blanco, ejecutada con especial delicadeza por la banda de la corporación. A continuación, la Virgen del Carmen fue honrada con la interpretación de la Salve Pelegrina, seguida por la marcha Ave María, conformando así uno de los momentos de mayor emotividad de la noche.

El acceso de ambas andas a la reducida ermita supuso otra escena cargada de simbolismo y belleza, generando estampas de difícil repetición. Cabe destacar también la presencia de miembros y cuadrillas de la Hermandad de la Flagelación, cuya incorporación al acto puso de manifiesto la voluntad de colaboración entre las distintas cofradías montoreñas en este acontecimiento sin precedentes.
Este traslado supone un nuevo peldaño en el camino hacia la Coronación Canónica y Pontificia, y evidencia que Montoro no solo se prepara para vivir un hecho histórico, sino que ya lo está experimentando con una implicación absoluta por parte de las hermandades, los vecinos y toda la comunidad devota.






