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El Capirote, Opinión

Multidisciplinares

Para las redes sociales no hay comentario que no pase desapercibido. Si antes era la prensa la que dejaba constancia de la opinión de los usuarios, como es el caso de Francisco Robles, quien afirmó que el pregón de los armaos era el primero y el último que iba a dar y diez años después dará el de la Juventud de la Esperanza de Triana, hoy son las redes sociales las que pueden bucear en el historial y rescatar opiniones olvidadas. La prensa también recuerda que Alberto García Reyes no iba a dar un pregón tras el de Semana Santa. Y ahí tenemos después que ha seguido el camino contrario.

En el mundo de las hermandades tenemos en los archivos informaciones erróneas que más que proseguir un ideal contrario al expresado nos dejan una sensación de contrariedad ante afirmaciones que no podemos catalogar dada la extrañeza de los mismos. Y es el Twitter donde todo queda registrado a pesar de que se actúe rápidamente. Algunos de ellos son borrados, aunque existen multitud de herramientas para recuperarlos. Fue el caso de Jesús Romanov Alfonso, protagonista de una de las polémicas del pasado verano. Otros prefieren pedir disculpas, como es el caso de la hermandad del Valle, cuando por error retwitteó el contenido de un tweet donde un usuario hablaba de VOX y de las escasas posibilidades de cambio si esta formación formaba a pasar parte del nuevo gobierno en Andalucía.

Otros perfiles ofrecen información tan exhaustiva de sus acciones que sorprenden. Es el caso del Grupo de fieles de Nuestro Padre Jesús de la Luz Despojado de sus vestiduras, asentada en la barriada sevillana de Campos de Soria. Su información sobre mantener como encendedor a uno de sus hermanos fue tan comentada que incluso algunos conocieron a este grupo de fieles por la polémica que suscitó tal comentario, que no pasó desapercibido para algunas páginas webs.

Subyace aquí el problema de tener miembros en las hermandades que se encargan de realizar diferentes funciones dentro del seno de la corporación. Sucede entonces que, a pesar del conocimiento, acaban cometiéndose fallos que difícilmente pasan desapercibidos. Porque aparecen las capturas o los programas que recuperan aquellos tweets eliminados que pensábamos habían pasado a mejor vida.

Tampoco los medios de comunicación se libran de cometer estos errores –incluido nosotros–. Y se convierte más imperdonable si quien acaba equivocándose es un medio de altura o un personaje conocido. Y, si estos son capaces de cometer fallos, ¿cómo no iban a hacerlo las hermandades? Prácticamente imposible sería mantener una persona que se dedicase exclusivamente a las redes sociales y obtuviera retribución económica por ello, aunque sí se da el caso de que hay corporaciones que cuentan con un equipo de hermanos especializado que se encarga del mantenimiento de la página web así como de los perfiles oficiales de la corporación, lo que implica un conocimiento más exhaustivo y, por tanto, un conocimiento mayor de los riesgos.

A pesar de que haya quien niegue la división entre hermandades, también en el campo cibernético nos encontramos con corporaciones de primera y de segunda. Así pues, los errores cometidos por las que se encuentran en primera división serían más imperdonables que las demás. Otro problema, todavía mayor, nos conduce a mirar con detenimiento que no se recogen estos aspectos en la normativa de las hermandades. Facciones enfrentadas que cuando llega el traspaso de poderes no ofrecen las contraseñas de los perfiles oficiales en redes sociales. Se pierde no solamente la continuidad sino parte de la historia de una hermandad por el histórico de su desarrollo desde su desembarco en el campo virtual.

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