Cruz de guía, 💙 Opinión

Ni hay ni se las espera

Ni hay ni se las espera. Esa fue la respuesta que me dio un allegado y cofrade hace poco a la pregunta de si estaba previsto que alguna Hermandad, Asociación o Grupo Parroquial volviera con sus Imágenes a nuestras calles en algún lugar de la extensa Andalucía Oriental, antes de la ansiada magna malagueña, claro está.

Como ustedes saben, siempre he sido reacio hacia el excesivo abuso de las procesiones extraordinarias durante los tiempos prepandémicos, al igual que ofrecí mi opinión en contra cuando cierto portal cofrade sevillano defendía la desarrapada idea de volver con los pasos a las calles de nuestras localidades en pleno boom virulento, pero con la situación que vivimos actualmente, totalmente alejada de los números más terroríficos emitidos desde los hospitales y con el mundo en plena «re-esfervescencia», no alcanzo a entender como los cofrades todavía no hemos recuperado nuestra vida. Estamos ante un momento cumbre del que depende el futuro de nuestra Semana Santa y nos quedamos observando como pasmarotes como el resto de Europa recupera la cotidianidad total (véase la Eurocopa) y nosotros nos dedicamos a mirar las estrellas esperando a que algún político nos dé la salida. La verdad sea dicha, «quien no corre vuela», y los cofrades nos dedicamos a verlas venir y pasar desde nuestro sofá, ahora y tras la confirmación por parte del Presidente de la Agrupación malagueña de Hermandades y Cofradías de la gran posibilidad que hay de que se celebre el evento cofrade más magnánimo de los últimos tiempos.

Fuera de los límites del entramado cofrade malagueño y adentrándonos en otro mar de hojas verdes, encontramos el mayor desierto semanasantero de todos, posición competida con la provincia comunitaria más oriental. Las ciudades más grandes de la provincia de Jaén no han mostrado ni un atisbo de ganas de recuperar su vida cofrade tal y como la conocíamos. En el horizonte, un extenso océano de incertidumbre radicada en el desconocimiento de no saber como responderá el orbe cofrade si el próximo año vuelve a asomar la luna de Nissan, en un territorio en el que los cortejos procesionales han decaído debido a la ferviente crisis económica arrastrada desde tiempos inmemoriales y fusionada a la que estamos viviendo y a la extensa recesión de costaleros de un gran número de Hermandades que tienen que hacer malabares para rellenar los huecos bajo las trabajaderas.

¿Nos veremos abocados a la desaparición o a la reestructuración? Es una cuestión que ni los más halagüeños se atreven a hacerse y es que la posibilidad de volver más fuertes pasa por arrancar lo antes posible sino, como diría un artículo mío, tiempo al tiempo.

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