Opinión, Sendero de Sueños

No dejes de guiarme… No dejes de acompañarme…

Cayó la noche. El día pasado ya pesaba sobre sus hombros… La luna reinaba en el firmamento. Las estrellas iban parpadeando sobre su cabeza en la noche despejada.

Su casa se le quedaba pequeña. Cenó y… pronto se metió en la cama. Sólo deseaba que el reloj avanzara rápido y marcara la hora señalada. Que llegase la mañana para que la ilusión volviese a cubrir su rostro y la risa volviese a escucharse entre sus labios…

Deseaba poder volar al lugar donde fue tan feliz de pequeña… Al lugar donde vuela su mente cada día cuando hace examen de conciencia. A una reja que es principio y fin de su caminar.

La mujer, convertida en niña por un momento, sueña con una marea de hombres llevando sobre sus hombros a la dueña de sus sueños. A la que es su faro y guía. A la que acude siempre.

Metida en su cama, con la mirada en su techo de estrellas imaginarias, piensa en que su Madre celestial no sale a su encuentro. Es ella misma quien lo hace. La necesita. Necesita encontrarse con Ella. Buscar consuelo. Ese amor incondicional…

Sabe que tras ese encuentro su corazón estará rebosante de esperanza. Una esperanza de tiempos tranquilos, donde el corazón no juegue al escondite. Donde no luche a contrarriente y prosiga valiente su sendero de sueños.

Rocío…, esta mujer convertida en niña sueña de nuevo postrarse ante Tí. No dejes de guiarme… No dejes de acompañarme…