El laicismo predominante en la sociedad actual se ha venido ocupando en penalizar cuando no en ocultar la esencia religiosa cristiana para más señas sobre la que descansan la mayor parte de las fiestas que preñan el calendario de las distintas localidades que configuran está Andalucía contemporánea en la que nos ha tocado vivir.
Una de las fiestas sobre las que mayor énfasis se ha puesto en ocultar su vertiente, origen y espíritu religioso es la Feria de Nuestra Señora de la Salud sobre la que determinado sector de la sociedad ha querido desdeñar incluso su propia denominación limitando la Feria de Mayo para excluir su sentido original.
Por eso resulta extremadamente gratificante que aún existan cordobeses empeñados en conservar nuestras más hondas tradiciones otorgándoles el lugar que merecen sin dejarse condicionar por determinadas presiones sociales y políticas.
En este sentido, un año más, la Feria de Nuestra Señora de la Salud tendrá uno de sus primeros actos inaugurales, en la ermita de la Virgen de La Salud, consistiendo en una misa en la explanada delantera de la ermita, continuando con un traslado del estandarte de la Virgen al recinto ferial del Arenal, donde visita las principales casetas de la feria cordobesa. El traslado se realiza en coche de caballos, acompañado por carruajes y jinetes que se unen al cortejo, siendo un banderazo inicial de nuestra feria.Un evento organizado por la Asociación de Caballeros y Damas de Nuestra Señora Virgen de la Salud. Será el sábado 20 a las 12 horas.

«Cuentan las viejas crónicas que Simón del Toro, labriego sencillo, y su compadre Bartolomé de la Peña, ambos vecinos del barrio del Alcázar Viejo, cultivaban en aparcería un pequeño predio contiguo a las murallas de la ciudad. Un día del año 1665 observaron con asombro que, al hundirse la reja del rústico arado en la tierra, dejó al descubierto la entrada de un pozo. Se hicieron de una cuerda que Simón ató fuertemente a su cintura y, sujetándola Bartolomé por el otro extremo, comenzó aquel a descender por la caña del pozo. De pronto, en un hueco, Simón halló con estupor una imagen de la Virgen. Asegura la tradición que esta esculturilla de la Virgen había sido escondida por los mozárabes en el lugar en que fue hallada, en momentos azorosos de la persecución mahometana. La piedad del pueblo levantó en su honor una pequeña iglesia en aquel mismo lugar, frente al lienzo de la histórica muralla de la Puerta de Sevilla. La pequeña esculturilla de barro cocido y el agua que emanaba del aljibe obraron sorprendentes prodigios según los relatos populares. A esta imagen de la Virgen que hizo tantos milagros y que hoy tenemos olvidada, se dio la advocación de Nuestra Señora de la Salud, y el mismo nombre se aplicó a la ermita donde se venera, a la necrópolis que junto a la ermita se construyó en el primer tercio del siglo XIX y a la Feria que espontáneamente surgió en sus aledaños.»

El descubrimiento de la imagen, trajo consigo la construcción en el siglo XVII de una pequeña capilla, sustituida ya entrado el siglo XIX por la actual ermita, obra del arquitecto Ignacio Tomás. A mitad de siglo, se integra la ermita con el cementerio que se construyó colindante, tomando el nombre de la Virgen. La fachada principal, de diseño neoclásico, contiene una hornacina con la Virgen, el Niño y la inscripción “Salus Informorun” (“Salud de los Enfermos»).

La ermita se inauguró el segundo día de la Pascua de Pentecostés con una velada y una procesión de la Virgen de la Salud, recorriendo las calles de Córdoba desde el convento de San Pedro el Real. Este es el origen de nuestra Feria de mayo.
En el último tercio del siglo pasado, la ermita cayó en un estado de abandono, no librándose de riadas, inundaciones y robos, de los que milagrosamente pudo rescatarse la bella imagen, eso sí, en un estado de gran precariedad.
Una vez restaurada tanto la imagen de la Virgen, como la ermita, que pasa a ser custodiada por los Padres Esclavos de La Eucaristía y de María Virgen, vuelve a su casa de siempre, para ser venerada por los cordobeses y para presidir los festejos de su ciudad.






