Miradas bajo el cubrerrostro, 💙 Opinión

Nuestro país es la cruz

Otra de las cosas que un nazareno sabe en su fuero interno es que hay una serie de factores que, llegado el momento, al ser mezclados dan un resultado que ni el más frío y pétreo de los corazones que palpita bajo la túnica se resiste al vuelco de la emoción, muchas veces difícilmente contenible.

Es ese momento en que confluyen en un mismo instante, en un mismo pequeño paraíso en nuestra tierra, un cortejo de nazarenos penitentes y una comunidad de religiosas de clausura. Realmente es uno de esos momentos en que, de verdad, el mundo entero se detiene. Todo es mareo por el aluvión de sensaciones y emociones que vienen a la piel erizada, a los ojos lacrimosos, a la garganta anudada y al corazón desbocado y a la vez calmo.

Este nazareno ha podido presenciar en alguna ocasión ese encuentro entre los ojos  anónimos de un penitente y las miradas perdidas de las monjas de Santa Ángela de la Cruz a las puertas de su Convento en nuestra ciudad vecina. Miradas enfocadas en un punto que sólo ellas son capaces de ver, miradas de éxtasis, miradas de arrebato espiritual, miradas incrédulas de agradecimiento por la oportunidad de sentir al Hijo de Dios y a su Bendita Madre a las puertas de su Casa y Cárcel voluntaria. Tengo que confesar que es un momento en que no existe absolutamente nada más en todo el Universo. Todo es luz alrededor y silencio en mis oídos.

Entre las muchas herencias espirituales que Santa Ángela de la Cruz dejó a sus Hijas, hay una que sirve de título a este recuerdo y homenaje a esas santas en la tierra:

«Hijas mías, nuestro país es la Cruz, que en la Cruz voluntariamente nos hemos establecido y fuera de la Cruz somos forasteras»

En la sociedad que nos ha tocado vivir… aunque ésta es una frase tantas veces repetida que damos por cierta y no nos damos cuenta de su carácter negador de la voluntad humana, pues la sociedad que vivimos no nos ha tocado como es. Más bien es la sociedad que hemos creado o hemos dejado que creen por y para nosotros. En fin, que me desvío, en esta sociedad de hoy es muy difícil entender y asimilar la idea de que una persona escuche la llamada de Dios y entregue toda su vida al servicio de los demás. En esta sociedad egoísta, egocéntrica y ególatra, seguimos viendo con el recelo y el temor con el que se mira a lo que se desconoce a quienes toman este Camino. Y ese miedo y recelo hace que demos de lado a estas personas que viven para el prójimo, por encima de todo instinto vital o de todo anhelo personal.

Esta semana llegó a este nazareno la triste y preocupante noticia de que la totalidad de la Comunidad de Hermanas de la Cruz de Torreperogil habían sido contagiadas por este virus que ha cambiado nuestras vidas. Pero no las de ellas; pues ¿cómo puede ser que unas religiosas que viven en su propia comunidad, en su «burbuja» (neotérmino pandemístico) hayan podido contagiarse? ¿cómo ha podido suceder que hayan estado en contacto con el virus unas mujeres aisladas entre los muros de su Convento?

La respuesta es simple. Como ella mismo dejó escrito, «el objeto principal de la Compañía es unir la vida retirada y penitente con el servicio a los prójimos…»; y no será un virus como éste el que modifique esta forma de vida. Las hermanas de la Cruz han seguido visitando enfermos, ancianos, necesitados en todos y cada uno de los pueblos en que tienen Comunidades. Con sus pobres medidas de seguridad, pero sin miedo a la cercanía social, al contacto con el enfermo, confiando en la protección de quien da la Salud a las Almas y de la Divina Enfermera del Universo.

Pese a que todas están en edad de riesgo y tendrían que estar ya vacunadas, como cualquier otro anciano de residencias, o como cualquier personal sociosanitario que cuida de enfermos y mayores, la realidad es que ellas han seguido con su labor y expuestas a la enfermedad. Llevando consuelo y la Palabra de Dios a quien lo ha necesitado, manteniendo la antiquísima costumbre de amortajar a todo aquel que ha sido llamado a la Gloria Eterna, sin importar el motivo por el que haya llegado esa llamada última.

Ruego a Dios y a Santa Ángela de la Cruz por la pronta recuperación de todas sus Hijas, así como la de todos los religiosos de cualquier orden y comunidad que ofrecen sus vidas por nosotros alrededor de todo el orbe, en la certeza de que aún les quedan muchos días en los que ofrecer su vida a la Cruz pues No hay nadie que viva sin su Cruz, y el que huya de una encontrará otra mayor.

Que una vez pasado el cortejo de nazarenos por ese Convento que se pone en el Camino de la procesión de la vida, seamos capaces de mantener viva la oración y el recuerdo por esas santas que están entre nosotros.

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