Nuevas pruebas sobre la fundación de la Hermandad del Silencio

El Boletín de Cofradías de Sevilla contiene en su última publicación un interesante artículo titulado Sobre la antigüedad de la Hermandad del Silencio, donde los investigadores Alfredo Martínez González y Rafael Roblas Caride responde a unas intervenciones televisivas llevadas a cabo en el programa Al Cielo, de 101 TV Sevilla, el pasado 17 de julio de 2024.

El citado artículo comienza rebatiendo la intervención de Jesús Romanov, señalando que “nadie realizó ninguna aportación novedosa, exponiéndose algunos aspectos ya conocidos, aunque de manera caótica y deficiente”, para pasar a señalar a continuación que “el ejemplo más paradigmático fue el del historiador Jesús Romanov […] citando con llamativos deslices un manuscrito redactado por Francisco de Sigüenza en 1579 […] y sobre todo al afirmar cosas que Sigüenza jamás dijo”.

Tales consideraciones vienen a colación de la composición Traslación de la imagen de Nuestra Señora de los Reyes y cuerpo de San Leandro y de los cuerpos reales a la Real Capilla de la Santa Iglesia de Sevilla escrita en diálogo, donde se hace una relación de las corporaciones que asistieron a dicho traslado. El orden en el que aparecen citadas ha sido tomado a menudo como reflejo de su antigüedad. Sin embargo, los dos investigadores afirman que, tal y como aseguró García de la Concha en 1996, Sigüenza en su escrito no lleva a cabo “un exhaustivo establecimiento de los orígenes de cada cofradía, que aún hoy en día es difícil de determinar”.

Más adelanten rebaten otros textos de especial significación para conocer la historia de Sevilla, como las Religiosas estaciones que frecuenta la religiosidad sevillana y añaden, para reforzar su tesis sobre la fundación de la cofradía del Silencio, otros aspectos como que en 1621 Tomás Pérez, hermano mayor por aquel entonces de la corporación, que dejó de salir en el Corpus por no reconocérsele su fecha fundacional.

Sale a la palestra también uno de los personajes más conocidos de la Primitiva, como es el caso de Mateo Alemán, de quien apuntan que conocía los orígenes remotos del Silencio, pero que no se atrevió a difundirlos por su condición de cristiano nuevo.

Mateo Alemán. Óleo sobre lienzo pintado en el siglo XIX, obra de Manuel Cabral y Aguado Bejarano. Universidad de Sevilla

Alfredo Martínez y Rafel Roblas también abordan la intervención de Andrés Luque Teruel, quien llegó a aseverar que “los archivos del Real Consejo de Castilla no se han quemado nunca. Y se conservan”. Estos afirman que “los Archivos del Real Consejo de Castilla, como tal, no existen, si no que lo que existe es el Archivo Histórico Nacional que, en su sección “Consejos” contiene documentación relativa al Real Consejo de Castilla. Puntualizan al respecto que si Andrés Luque Teruel hubiese consultado la documentación que sobre la cofradía del Silencio quedó en poder del Real Consejo de Castilla, sabría que en 1791 resultó plasmado por escrito que la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno se había fundado en Sevilla hacía más de 400 años.

El catedrático en Historia del Arte llegó a afirmar que la Hermandad del Silencio publicó una obra escrita por un tal J. C. Álvarez. Al respecto, afirman que la corporación de la Madrugada nunca estuvo detrás de su publicación y difusión, y que dicho folleto fue escrito por José María Montero de Espinosa está plagado de inexactitudes, por lo que “las afirmaciones que a principios del siglo XIX hiciese Montero de Espinosa deberían haberse tomado con muchísima cautela”.

El artículo finaliza con unas conclusiones entre las que se recoge, por ejemplo, que el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico jamás ha hablado en ningún informe de ninguna falsificación en una coda inserta dentro del único ejemplar del libro de reglas del Silencio que se salvó del expolio napoleónico”, contradiciendo otra de las afirmaciones vertidas en Al Cielo. Por último, invitan a la reflexión ya que “lo sucedido durante la emisión [televisiva] fue de todo menos saludable”.