Nuria Barrera hace soñar a Córdoba con un nuevo Pentecostés

Córdoba ha despertado del largo letargo del sueño, dejando atrás un año de recuerdos para comenzar a atesorar los del Rocío 2024. La ciudad de San Rafael se ha impregnado del olor a romero y lentisco, de florecillas del campo y retama. Se ha pintado del azul del cielo marismeño y ocre de los campos. Ya se siente el frescor de la marisma que envuelve todo el ambiente. San Pablo se ha vestido de gala para acoger la presentación del cartel y el pregón que anuncian Pentecostés. Un cartel obra de la prestigiosa artista carmonense, Nuria Barrera Bellido, quien ha declarado a Gente de Paz estar «muy orgullosa y sentir una inmensa responsabilidad en este día». 

Ante un imponente altar representando las letanías del Santo Rosario, Barrera ha desvelado la obra que tanto se esperaba en Córdoba. Y no dejó a nadie indiferente. Nuria Barrera volvió a plasmar con maestría el sentimiento cordobés a la Reina Marismeña.

La obra, claramente dividida en dos partes, nos narra todo lo que es la Hermandad, pues la artistia ha sabido captar sin parangón su idiosincrasia. En la parte inferior, a modo de collage, se nos muestra desde los orígenes, a principios de la década de los años 30 del siglo pasado, hasta que llegamos a Córdoba y el Simpecado es depositado en el Convento de Santa Marta, como agradecimiento por haber sido guardianas del Primitivo Simpecado hasta la Refundación en la década de los setenta. Un paseo entre Capuchinos y El Ajolí, pasando por la Santa Iglesia Catedral, Fuentes de Andalucía, donde las monjitas reconfortan el alma peregrina, o El Quema.

Imágenes del camino que recorre Córdoba desde la ciudad de San Rafael hasta la misma Gloria, aquellas marismas de Huelva donde habita la que es sueño de los sueños, luz y guía de los cordobeses. El camino más largo que hace una filial para llegar hasta las plantas de la Madre. Nueve días de preparación para llegar ante su mirada. Nueve días de ensueño, de oraciones y plegarias.

En la parte superior, el momento que regala la Virgen cada año. Su visita. Ese día es Ella quien viene a la Hermandad. Esa mañana de cielo azul, donde sólo importa el minuto que se está cara a cara con Ella. Ese momento donde niños y mayores son iguales y lloran a la vez, porque Ella nos hace el mejor presente. La Virgen, a hombros de sus hijos de Almonte, se acerca al Simpecado blanco y oro, que remata el Arcángel, rodeada de palmas, vivas y salve. Los niños son postrados a sus pies, «¡dejad que los niños se acerquen a mí!», dijo el Señor; los rocieros los ponen a los pies de su Bendita Madre, como intercesora. ¡Qué herencia más bonita! 

En cuanto a la cromática, Nuria Barrera no podía dejar de utilizar su azul tan característico, usándolo para el cielo cuajado de nubes, que si nos fijamos bien, algunas tienen forma de paloma, simbolizando el Espíritu Santo que se posa sobre los rocieros cada Pentecostés. Utiliza el color de la tierra para el collage de la parte inferior. El color de lo antiguo, pero también el color de la campiña que Córdoba atraviesa en su peregrinar. Y utiliza el rojo, el color del amor y de la amapola marismeña que cada siete años adorna su pelo cuando va vestida de Pastora.

Esta espectacular obra de Nuria Barrera, cuajada de emoción y simbolismo, es un nuevo regalo de la artista a la ciudad de Córdoba, con la que viene estrechando lazos desde hace años, materializados en un amor creciente que se saborea en cada una de sus creaciones para la ciudad y sus hermandades.