Orcos

Este no es el artículo que debiera haber sido. Al improbable lector, que tiene a bien seguirme en este oasis de libertad que es “Gente de Paz”, le hubiera pedido que indagáramos juntos en las motivaciones y querencias del ser humano, uno como Rafael de la Hoz Castanys. Creo que habría sido un artículo interesante desde una perspectiva que buceaba en la persona; un artículo que estaba hecho y que hubo que desbaratar, los buitres han aparecido.

También pudo ser un artículo sobre la aparente, o verdadera, permanencia de la provisionalidad en nuestra Semana Santa; ¡vaya dos palabras que parecen contradecirse en una misma frase, permanencia y provisionalidad!, y sin embargo Córdoba vive una Semana de pasión que parece ubicarse en los perfiles de lo contingente. Me atrevería a decir que incluso las décadas de la carrera oficial en la plaza de las Tendillas acusaron el marchamo de transitorias. Pero tampoco fue adelante, y tuvimos que dejar para más adelante una reflexión, que no sólo nosotros sino todos los estamentos del mundo cofrade tienen que hacer; en aquel momento las alimañas ya habían olido la sangre.

Sí, como el perspicaz lector adivina todo esto que hemos contado, o tratábamos de contarle, al final se reducía a una celosía, la celosía más famosa del mundo; también tuvimos la ocurrencia de dar voz a esa celebridad, que llena textos en papel y en la web, de que hablara en primera persona, estando como está recluida en unos ignotos almacenes a los ojos del común de los mortales; se nos antojaba que era una voz de cansancio por lo doloroso que resulta ser protagonista involuntaria de una historia a veces rocambolesca; estaba casi hecho, la voz empezaba a oírse pero hubo de silenciarse cuando asustada descubrió que las ratas empezaban a envalentonarse.

Al cabo este artículo se ha transformado en un curso sobre animales carroñeros, desnortados y voraces. Mamíferos bípedos agrupados en fantasmales grupúsculos que sólo buscan dolor y sangre; bestias sólo versadas en la manipulación del lenguaje, que cuando hablan de todos, hermosa palabra que desprecian y mutilan, quieren decir sólo sus posaderas, ellos son los autoproclamados oráculos de un pueblo, que como todos los posmodernos y progres, de toda laya y condición, no entienden. Colectivo nefasto siempre atento a desprestigiar la religión mayoritaria y tradicional de Córdoba, fermento vivo sin el cual nuestra ciudad no podría entenderse.

Forman una manada no muy numerosa pero cuyos gruñidos son siempre audibles gracias a los potentes altavoces de que disponen; los mercenarios son siempre bien pagados, hacen un trabajo sucio del que otros esperan recoger los frutos; pues estos animales o criaturas más parecidos a los orcos del genial y católico Tolkien, lo que ansían es quitarnos nuestro templo mayor, sí querido lector no es a un cabildo, ni a un obispo, a quienes ciertas retorcidas mentes desean defenestrar; es a tí y a mí, a nuestros padres y ancestros, a nuestra forma de vivir y entender la Fe, única y Verdadera, a los que quieren hurtarnos nuestra catedral, para hacerla irreconocible, subvertirla y en último modo aniquilarla.

Había que decirlo, y se ha dicho, era urgente escribirlo, porque el mal no triunfa porque los que agitan sus banderas lo hagan jactanciosamente, el mal triunfa porque ante esa visión los hombres buenos miran para otro lado. Mirémoslo de frente.