En este tercer Domingo de Octubre, vivimos el XXIX Domingo del tiempo ordinario, y un domingo más traemos a Gente de Paz un nuevo Evangelium Solis.
EVANGELIO
Lectura del santo Evangelio según San Marcos
En aquel tiempo se acercaron a Jesús los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron:
–Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.
Les preguntó:
–¿Qué queréis que haga por vosotros?
Contestaron:
–Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda.
Jesús replicó:
–No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?
Contestaron:
–Lo somos.
Jesús les dijo:
–El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mí concederlo; está ya reservado.
Los otros diez, al oír aquello, se indignaron contra Santiago y Juan.
Jesús, reuniéndolos, les dijo: (en la fórmula abreviada: reuniendo a los Doce, les dijo:
–Sabéis que los que son reconocidos como jefes de los pueblos los tiranizan, y que los grandes los oprimen. Vosotros nada de eso: el que quiera ser grande, sea vuestro servidor; y el que quiera ser primero, sea esclavo de todos. Porque el Hijo del Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por todos.
Palabra del Señor.
El evangelio de hoy, nos ofrece una escena llena de circunstancias, en las que se ponen de claramente que algunos discípulos tenían interés sobre otros y Jesús a su vez, ofrece verdadera meta en su caminar hacia Jerusalén.
Los discípulos pensaban que iban a conseguir la grandeza y el poder, como le piden los hijos del Zebedeo: estar a su derecha y a su izquierda, ser importantes o algo así. Incluso decían que estaban dispuestos a dar la vida por ello; Imaginamos que los hijos del Zebedeo estaban pensando en una copa o bautismo de gloria, más que de sufrimiento. Sin embargo la gloria de Jesús era la cruz, y es allí donde no estarán los discípulos en Jerusalén. Lo abandonarán, y será crucificado en medio de dos ladrones, como ignominia que confunde su causa con los intereses de este mundo. Esta es una lección inolvidable que pone de manifiesto que seguir a Jesús es una tarea difícil y arriesgada.
Es verdad que los discípulos podrán hacer cada uno su vida, una vida nueva, cambiar de mentalidad para anunciar el evangelio, pero hasta ese momento, Jesús camina hacia Jerusalén con la idea clara que su causa va a ser confundida por lo que le rodean y por los contrarios a su mensaje. Los poderosos siempre dominan, no dejan que nadie madure como personas humanas. Mientras que el Dios del Reino, trata a cada uno desde el amor y siempre dándole lo que necesita. Ahí está la diferencia de lo que quiere llevar adelante Jesús como causa, aunque sea pasando por la cruz. Un Dios que se pone al servicio de los hombres no es apreciado ni tenido como tal por lo poderosos, pero para el mensaje del evangelio, ese Dios que sirve como si fuera el último de todos, merece ser tenido por el Dios de verdad. Es eso lo que encarna Jesús Nazareno.
El ejemplo de Jesús, es una idea de caridad con los hombres y mujeres que no saben encontrar a Dios. Y para ello Él tiene que pasar por la muerte. Pensar que Jesús venía a sufrir o quería sufrir sería una concepción del cristianismo fuera del ámbito y las claves de la misericordia divina. El Hijo del Hombre debe creer en el ser humano y vivir en solidaridad con él. Dios no gana rescates con la vida de su Hijo, sino que lo ofrece como don gratuito de su Amor.





