Preparativos de ilusión

Las calles se adornan con preciosos naranjos, en los que ya se vislumbra el azahar que impregnará de fragancia la cálida primavera. Los rayos del sol inundan y calientan la fría mañana y el día transcurre con cierta calma. Al ocaso, esa calma tensa del día, se transforma en un ir y venir distinto. Por las calles grupos de costaleros se citan en bares para perfilar ese traslado, o ese último ensayo, en las casas y los locales de hermandad, el trasiego y el nerviosismo se palpa más que evidente. Ya se siente cerca, ¡pasó volando señores! son frases que se repiten a la vez que el tiempo y sus previsiones van tomando protagonismo, hasta tal punto que nadie escapa a la pregunta sin respuesta, ¿lloverá?.

Unos huyen del envite, otros evitan el tema, algunos asientan discretos mientras otros con voz altanera le suplican a las nubes que este año queden fuera. Los papeles se amontonan y tras varios balones fuera, los derroteros se vienen, a si este año se llevan las flores en este sitio o en las esquinas traseras, que si hay más bajas que altas, que si las mantillas se frenan porque el recorrido es largo y hay que caminar tela. Mientras, se ajustan en sitios las túnicas y sus telas, la plata se vuelve brillante y se va prendiendo la cera, se montan los candelabros y las piezas más señeras y desde el fondo se escucha, entre el vocerío que impera, ¡Limpiar señores que el tiempo ya no espera! Entre montar y apretar y una cerveza señera, se pasa la tarde volando y en la casa nos apremian a que volvamos ya pronto que ya se nos paso la cena.

Otra mañana de sol, ¡Qué envidia me da mirarla!, ¡Ay si amaneciera así “to” la semana!

Una marchita en el coche para hacer ambiente que hay ganas, y en el trabajo ya piensas que día más duro me espera cuando al salir de mañanas me incorporo a mi cuadrilla y nos van a dar las tantas… y se pasó así otro día y al volver hasta tu casa, pequeño revuelo se siente que hasta la puerta traspasa, ¡chiquillo! ¿Qué haces con eso? Y al abrir la puerta enganchas al pequeño de los niños que con cíngulo y con capa, corre por el pasillo mientras mama le regaña. En la habitación de fuera, caliente reposa la plancha con ese olor a incienso y cera que impregna toda la casa, y tras la puerta colgados, costal y la faja ancha, las ropas de penitente y la ilusión renovada, de sentir que ya se acerca, esa semana esperada.