Burladero | ¡Qué disgusto!

Estimado, amable y fiel lector, ha comenzado el sprint hacía los días del gozo del maestro Antonio Burgos, pero su Legatus tienes las mismas ganas de ver pasos este año que de bailar una jota aragonesa.

En otras palabras, siento empacho de cultos y actos cofrades, que más allá de la tónica cuaresmal se ha convertido en una epidemia que dura todo el año y que no para de crecer con las extraordinarias, traslados, misiones y demás inventos innecesarios de la tía Roberta.

El caso es que entre el cacao de eventos cofrades y los disgustos que me llevo últimamente, no tengo el horno para bollos ni baguettes.

Porque en esta Sevilla de cartón piedra todo el mundo felicita al Santo Entierro por su estupendo Vía Crucis del pasado lunes, pero nadie se atreve a poner el dedo en la llaga. ¿Felicitan también a la hermandad por esa carrera de Fórmula 1 con el Cristo Yacente? ¿Era necesaria? ¿Era procedente? Llámeme lo que quiera, amado lector, pero mi definición de Vía Crucis difiere notablemente de todo ese espectáculo para llevar al Señor a la Catedral. No era necesario ni procedente con la inestabilidad meteorológica que había y con el discurrir pausado y solemne de la ida y vuelta de la Seo, esta vez enturbiado por el deseo irrefrenable de ir al templo mayor por narices. Diga lo que quiera, pero no fue Vía Crucis ni fue nada.

Y aún con el sofocón del Lunes, ayer me remataron. Sé que todo el mundo canta loas al nuevo manto bordado de salida de la Virgen de Consolación de la Sed. Pero lo tengo que decir, a mí no me gusta nada. El diseño, al humilde entender de su Legatus, es infinitamente mejor que el resultado final, con un solo soporte (celeste concretamente, por la junta de gobierno se despistó) que difiere de la mezcla de azules que han ejecutado en el taller de Charo Bernardino, seguramente con el beneplácito de la junta de gobierno del momento. Habrá que dar un voto de confianza hasta que cubra la espalda de María Santísima de Consolación, Madre de la Iglesia, en su paso de palio.

Afortunadamente siempre sale el Sol, y por esa razón ha sido la cofradía del Plantinar la que ha alegrado la semana. Cuando todo parecía perdido en la noche oscuro del cataclismo cofradiero, los hermanos soletes votaron sí al nuevo diseño del hábito nazareno, que mejora mucho al que se tenía aceptado hasta la fecha. El conjunto de telas blancas color crema con el antifaz-escapulario en verde aportan una estampa pintoresca al cortejo que sin duda ganará en luminosidad y armonía.

Menos mal que me queda ese rayito de Esperanza. Ése y el de la Virgen de la Amargura, que por fin parece que va cogiendo un rumbo positivo en su vestimenta. A buena hora.

Pero hay que ser prácticos y tímidamente positivos, ya que todavía queda Cuaresma por delante y muchos sustos que vivir: El Septenario de las Esperanzas con nueva Lozanada en el arco, la salida de tiesto de algún hermano mayor, el Cabildo de Toma de Horas con Donald Trump como invitado de honor para poner tregua a los problemas de cada jornada… Vamos, que tenemos chicha para rato.

Dicho lo cual, su Legatus se marcha hasta dentro de 7 días, esperando que pasen una semana magistral. No me fallen el próximo viernes.