A pulso aliviao, Opinión

Queipo de Llano y el anticlericalismo porculero

Una de las mentes más preclaras de la historia, François-Marie Arouet para los amigos y Voltaire para la humanidad, decía en una de sus grandes citas: «La idiotez es una enfermedad extraordinaria, no es el enfermo el que sufre por ella, sino los demás».

Seguramente Voltaire no se extrañaría en absoluto del esperpento que se está palpando en los últimos días respecto a la exhumación de los restos de Queipo de Llano de la Macarena, pero a algunos sigue pareciéndonos alucinante el grado de estupidez humana al que se puede llegar.

Y es que si ya de por sí la expectación y el interés del Gobierno y los colectivos republicanos por desenterrar a un hombre que murió hace casi siete décadas es absolutamente surrealista, el morbo que genera supone un bochorno inaceptable para la Hermandad de la Macarena.

El político Alfonso Guerra daba con la clave hace un par de días: «Entre mis preocupaciones no está boxear contra fantasmas del pasado».

Efectivamente, tenemos muchos problemas que solucionar entre los vivos para preocuparnos de los difuntos y sus malas acciones en un pasado que poco o nada tiene que ver con la situación actual.

Quiere decir esto que la idea de sacar a Queipo de Llano de la Basílica de la Macarena es una idiotez progre para molestar y fastidiar, simplemente.

Queipo de Llano afortunadamente ya no hace puede hacer absolutamente nada desde su tumba en el templo macareno, pero resulta urgente para el Gobierno de España y todos los que desconocen la biografía de el susodicho y les importa poco o nada el lugar donde se le ha dado sepultura y el motivo de enterrarlo allí.

Pero sin embargo si causan un gran daño a la familia del ex militar y a los propios hermanos de la Macarena, eso está más que justificado porque matan dos pájaros de un tiro: Los restos de Queipo, el supuesto criminal, van a ser profanados y humillados públicamente para que así todos seamos muchos más felices; y la Iglesia, y en este caso la Basílica de la Macarena, tiene que agachar la cabeza ante el anticlericalismo mugriento que asoma la patita cada vez que no tienen argumentos para seguir con cierto poder en las instituciones.

Las 2 Españas se enfrentan sin pudor una vez más, y la historia se repite una y otra y otra vez para llegar a ninguna parte. Eso es lo que conlleva el odio y la intolerancia.

Los creyentes, sin embargo, saldamos nuestras cuentas pendientes en vida; y a los muertos, buenos y malos, los dejamos descansar en paz y rezamos por su alma. Pues esa es la única memoria que debe perdurar.