Córdoba se prepara para una cita importante en el calendario cofrade: la elección de nuevo Hermano Mayor en la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Caído y Nuestra Señora del Mayor Dolor en su Soledad. Entre los aspirantes figura el matador de toros retirado Rafael Jiménez González, popularmente conocido como “Chiquilín”, quien ha decidido dar un paso adelante y encabezar una candidatura que combina tradición, compromiso cristiano y proyectos de futuro.
La fe como raíz vital
En su presentación, Jiménez González explicó que su vida personal y profesional siempre ha estado acompañada de la fe en los Titulares de la Hermandad. Recordó que, del mismo modo que los toreros confían en Dios y en la Virgen en la arena, su propia experiencia vital le ha llevado a identificar el rostro de Cristo con la imagen de Jesús Caído y a sentir la protección de la Virgen del Mayor Dolor en su Soledad como una presencia constante. “Con Ellos tengo una deuda impagable”, afirmó.
Reconoció igualmente que, si bien no posee una experiencia previa en la gestión diaria de una institución de estas características, sí cuenta con la dirección de un negocio familiar junto a su esposa y, sobre todo, con el respaldo de un equipo de hermanos veteranos que aportarían conocimiento y solvencia en caso de ser elegidos.
La herencia taurina y cofrade
La candidatura subraya un detalle cargado de simbolismo: de salir vencedor, Chiquilín sería el cuarto torero en la historia en presidir la corporación en 83 años, tras la etapa irrepetible de Manuel Rodríguez “Manolete”, que consolidó el apelativo de “Hermandad de los Toreros”. “Repetir esa historia —señala— sería motivo de orgullo para nuestro barrio y para la ciudad”.
El aspirante sitúa así su candidatura en la continuidad de una tradición que une las raíces populares con la devoción cofrade.
Principios rectores
Antes de desgranar su propuesta, Jiménez González dejó asentados los criterios de actuación que orientarían su mandato. Diez principios destacan en este marco: un programa humanizador sensible a la asistencia social y a la formación; defensa de la identidad y la pertenencia eclesial; espíritu de servicio; liderazgo participativo; integración en todos los niveles; compromiso de transformación personal y comunitaria; ejercicio de la caridad como “un solo corazón”; ejemplaridad en la vida cristiana; coherencia entre Hermandad, vida personal y profesional; y orientación de la gestión hacia el futuro.
Un programa cristiano, comprometido y ambicioso
El documento programático se articula en torno a la visión de la Hermandad como una entidad espiritual, cultural y patrimonial, llamada a conservar sus bienes y a engrandecerlos. Con ese objetivo, el candidato presenta tres claves:
- Un programa cristiano, centrado en el Evangelio y en el hermano.
- Un proyecto comprometido, fiel a las raíces pero atento a los retos de la sociedad actual.
- Una propuesta ambiciosa y alcanzable, abierta a nuevas metas.
En esta línea, subraya que la restauración interior de la capilla de los Titulares, competencia compartida con la Orden del Carmen Descalzo, no puede incluirse en el programa porque excede de las posibilidades directas de la Hermandad, aunque asegura la plena disposición de su equipo para colaborar en todas las gestiones y aportaciones que hagan realidad esa ansiada reforma.
Patrimonio humano: caridad y formación
El primer bloque programático se centra en el hermano como núcleo de la vida corporativa.
En el ámbito de la caridad y la misericordia, la candidatura se compromete a intensificar la obra asistencial con medidas concretas: ayudas económicas transitorias para hermanos en dificultades; apoyo a entidades de mayor alcance social; creación de un cuerpo de voluntariado para acompañar a mayores en soledad; apertura semanal de la Comisión de Caridad para atender peticiones; y puesta en marcha de un proyecto carmelita conjunto con la Archicofradía del Carmen Coronada.
En cuanto a la formación, se proyectan dos aulas diferenciadas: el Aula Santa Teresa de Jesús para menores de edad, y el Aula San Juan de la Cruz para mayores. Se impartirán conferencias, cursos y charlas sobre Sagradas Escrituras, liturgia, patrimonio, música cofrade o medios de comunicación, además de retiros espirituales en Adviento y Cuaresma.
Especial relevancia se concede a la juventud, con la intención de dar voz a los jóvenes, no limitarlos a trabajos auxiliares y ofrecerles un papel activo en la vida de la Hermandad. Se fomentarán actividades culturales, deportivas y de evangelización que refuercen su pertenencia.
Comunicación y cercanía
Otro eje destacado del programa es la mejora de la comunicación interna y externa. Además de potenciar los canales ya existentes —redes sociales, web, correo electrónico, YouTube, boletines “Cecidit” y “La Cuesta”—, la candidatura resalta la importancia del contacto personal en la casa de Hermandad como medio insustituible de relación entre hermanos. “No queremos una Hermandad aislada de sus propios hermanos”, afirma.
Patrimonio material: continuidad y nuevos proyectos
En cuanto al patrimonio artístico y material, el programa contempla actuaciones de calado:
- Restauración del manto de la Virgen del Mayor Dolor en su Soledad, pieza histórica donada en 1921 por la marquesa de la Mota del Trejo. El bordado será traspasado a un nuevo terciopelo negro, corrigiendo defectos de ajuste y asegurando su conservación. La magnitud del proyecto obligará a un Cabildo General específico y podría requerir un manto liso provisional durante su ejecución.
- Reforma de la orfebrería del palio —candelería, violeteros, jarras y varales—, con la idea de diseñar nuevas piezas que, sin sustituir a las antiguas, aporten mayor coherencia estética al conjunto.
- Nuevos enseres y ajuares: bandera carmelita propia, estandarte dedicado a San Juan de la Cruz, adquisición de blandones para culto y una alfombra con los colores y escudo de la Hermandad.
Devoción y cultura
El programa incluye también iniciativas de carácter devocional y cultural: la instauración de una Exaltación anual a los Titulares en Cuaresma, y la organización de un Certamen Cultural con concursos de redacción, dibujo y fotografía, dirigidos a escolares y jóvenes para fomentar la creatividad y el sentido de pertenencia.
De cara al futuro, se señalan dos efemérides relevantes: el centenario del título de Hermandad Real (2030) y el centenario del nombramiento de Hermandad Pontificia (2031), para los que se crearán comisiones encargadas de elaborar programas conmemorativos que incluyan conferencias, exposiciones, carteles, pregones y solemnes celebraciones litúrgicas.
Un horizonte compartido
Rafael Jiménez González concluye su propuesta reafirmando que el verdadero Hermano Mayor de la corporación es Cristo mismo, quien sostiene y guía la vida de la Hermandad. Su candidatura, asegura, no pretende más que “aportar un grano de arena al engrandecimiento de nuestra Hermandad y a la devoción a nuestros Sagrados Titulares”.
La cita electoral del 18 de octubre decidirá si este extenso proyecto, que entrelaza la herencia espiritual, patrimonial y cultural de la corporación, se convierte en la hoja de ruta de la Hermandad de Jesús Caído para los próximos años.





