Reflexiones heterodoxas | Hagamos memoria

El comienzo del nuevo año ha traído consigo el inicio de los ne-fastos organizados por el presidente del gobierno, para conmemorar, según él, los cincuenta años de libertad de los españoles, la cual habría sido lograda justo en el momento en que murió Franco, lo cual no deja de ser de una bajeza moral supina, una falacia estratosférica, pues el dictador murió en la cama de un hospital y nunca fue depuesto por fuerzas opositoras al régimen. La conclusión más lógica y racional es que el 20 de noviembre no hay nada que celebrar. Entonces, ¿qué es lo que pretenden conmemorar? Nada, humo, falsificación de la Historia y resucitar a Franco para conseguir intereses espurios. Lo cierto es que tan sólo se ha celebrado un acto cutre e infantiloide, organizado para mayor gloria del presidente del Gobierno, y veremos a ver cuántos más se llevan a cabo, dado que el recurso al “Francomodín” funciona cada vez menos.  

No pretendo sentar cátedra al respecto y mucho menos imponer mi criterio como verdad absoluta, pero los hechos históricos son tozudos, están ahí y eso resulta inamovible. Recientemente, el periódico francés “Le Figaro”, en su suplemento cultural, publicaba un artículo titulado “Guerre d’Espagne, la mécanique du caos”, que no necesita traducción, en el que básicamente se viene a decir que la izquierda española fue la responsable de la guerra civil. Tal conclusión no es nueva pues, amén de la historiografía franquista que así lo proclamó, autores recientes llegan a esa misma conclusión, situando el inicio de la contienda en 1934. Para ello toman como base las fuentes periodísticas, los mítines y proclamas de líderes como Largo Caballero, quien llamó abiertamente a la guerra civil durante la mal llamada “Revolución de Asturias”, pues aquello fue un levantamiento armado en toda regla contra la legalidad republicana. Dos años después, las fuerzas del Frente Popular trataron de revertir esa legalidad, para transformar a España en una república popular de corte soviético.

Recientemente, el malhadado presidente Zapatero, con sus leyes de memoria histórica, democrática o como quieran vestir la mona, volvió a resucitar los fantasmas del pasado, ya superados y enterrados durante la transición, tratando de imponer el relato maniqueo, tan del gusto de la progresía, de que las únicas víctimas de la guerra y la represión posterior, sólo y exclusivamente, fueron las de izquierdas, obviando los desmanes provocados por éstas y situando el foco de atención en la derecha política y social, dentro de la cual la Iglesia católica ocuparía un lugar destacadísimo. Este revisionismo histórico no duda en menospreciar la ola de Cristofobia y el genocidio subsiguiente premeditado, planeado y llevado a cabo por el Frente Popular, para acabar con todo lo que tuviera el mínimo tufillo a incienso. Los resultados fueron 6.832 clérigos asesinados, de los que 13 eran obispos, 4.184 sacerdotes diocesanos, incluidos seminaristas; 2.365 religiosos y 283 religiosas. También hay que sumar a 2.125 seglares de la Adoración nocturna, 283 miembros de la ACN de Propagandistas, 180 periodistas y 1.608 scouts católicos. 

Paso de misterio de la Hermandad de la Cena de Sevilla en la década de 1930. Foto: Redes

Víctimas de esta represión podemos citar a Ceferino Giménez Malla “el Pele”, de etnia gitana, quien fue detenido por defender a un sacerdote que estaba siendo golpeado y, posteriormente, condenado a muerte y ejecutado por portar un rosario. Fue beatificado en 1997. O don Pedro Muñoz Seca, autor de la célebre “Venganza de Don Mendo”, detenido en Barcelona acusado de monárquico y católico. Trasladado a Madrid, fue fusilado en Paracuellos del Jarama. Hombre de profundas convicciones cristianas, sus últimas palabras fueron “¡Viva Cristo Rey!”. En noviembre de 2016 se abrió la causa para su beatificación, junto con 43 mártires de la guerra civil. Recordemos también a los monjes y seminaristas del convento claretiano de Barbastro. El 25 de octubre de 1992, San Juan Pablo II beatificaba a los 51 religiosos fusilados entre el 2 y el 15 de agosto de 1936. Llama la atención el cinismo del alcalde socialista de la población, Pascual Sanz, quien llegó a afirmar que no los odiaba como personas, sino por lo que representaban sus sotanas. Hay que significar que la diócesis de Barbastro acumuló durante la Guerra Civil española la mayor mortandad del país, pues fueron ejecutados 123 de los 140 sacerdotes, incluido su obispo. Uno de los laicos que corrió la misma suerte en aquella población oscense fue Ceferino González, ya citado.

Las suscripciones a periódicos conservadores o los listados de hermanos de hermandades y cofradías, fueron eficaces fuentes de información para elaborar las listas de presuntos quintacolumnistas. Esta es la realidad histórica que ahora quieren reescribir, y a la que nos quieren devolver, los herederos de quienes se dedicaron a masacrar en las checas, en las cunetas o en las tapias de los cementerios. 

El actual Cristo de Mena. Foto: PacoRomán

Todos guardamos en la retina las imágenes de la Macarena o de la, también sevillana, Virgen de la Amargura, expuestas en un cajón al ser devueltas al culto. Recordemos el famosísimo Cristo de Mena malagueño, quemado durante las revueltas o los incendios provocados en las parroquias hispalenses de San Gil donde se perdieron el Cristo de la Salvación, primitivo Titular de la Macarena, una Inmaculada de Duque Cornejo y una Virgen del Carmen, o la de Onmium Sanctorum, que fue el templo que se llevó la peor parte en estas agitaciones. La Hermandad de la Cena, que residía allí en esa época, perdió su apostolado. Y podríamos seguir con un larguísimo etcétera que recorrería toda la geografía peninsular. Esta es la Arcadia feliz a la que pretenden llevarnos quienes detentan actualmente el poder en nuestro País.


Foto portada: La Virgen de la Amargura todavía en el cajón donde fue guardada para protegerla de la barbarie.