El pasado sábado, desde esta misma tribuna, se publicaba una entrevista realizada por Blas Muñoz al capataz, en mi opinión gran capataz y mejor persona, Rafa Giraldo. En dicha entrevista, Rafa daba muestras, una vez más de su bonhomía y de su saber hacer, pero sobre todo, dio muestras de su saber estar en el mundo de las cofradías, cosa que, a la vista de la triste realidad que nos rodea, cada vez resulta más complicada, pues el “yoismo” imperante hace que las cosas sean cada vez más complicadas, por lo que oír decir que él, cuando fue cesado, por motivos políticos, no tuvo el menor rubor en vestir el hábito nazareno de su hermandad de la Estrella y tan feliz, porque acompañaba a sus Titulares. La verdad es que declaraciones como esta son una auténtica bocanada de aire fresco y, sobre todo, de Esperanza. Tal entrevista me hizo recordar algunas historias que apuntan en esta dirección y que bien merecen una reflexión profunda y serena.
Entre estas historias, se me viene a la memoria la de un costalero, creo que de la Candelaria de Sevilla. El capataz le había asignado un costero en su trabajadera. Una vez iniciado el ensayo, durante un descanso, el capataz comprueba que el susodicho, efectivamente, se encontraba en el palo asignado, pero en el costero opuesto. Cuando el capataz le preguntó por la razón del cambio, el aludido dio sus explicaciones que fueron respondidas con una sanción, durante cinco años, sin poder salir de costalero llevando la imagen de su devoción. La respuesta del costalero fue tomar su hábito nazareno, cumplió la sanción y, pasados los cinco años, volvió a pedir sitio bajo las trabajaderas. Sin comentarios.
En la misma hermandad de la Candelaria ocurrió otro hecho, ciertamente impensable por estos lares. Poco antes de la Semana Santa, la junta de gobierno de la hermandad decidió cambiar el equipo de capataces. La noche que estaba asignada para celebrar uno de los ensayos, el vocal responsable de los costaleros fue a explicar las razones del cambio. Lo curioso fue que la mayoría de los costaleros se fueron a tomarse unas cervezas mientras que se producía la reunión. Cuando éstos fueron preguntados por la razón del “plante” al directivo, su respuesta fue tajante: si la junta de gobierno había decidido el cambio tendría sus razones, en las que ellos no entraban, porque ellos iban por lo que llevaban sobre sus cervices y no les importaba quien tocaba el martillo. ¡Sublime!
De vuelta en Córdoba, recuerdo lo sucedido a Carlos Lara en su hermandad de la Santa Faz, cuando fue cesado como capataz de Nuestra Señora de la Trinidad. Hubo runrún entre los costaleros, indignados por la decisión de la junta de gobierno, malestar que fue atajado de inmediato, por el propio Carlos, cuando anunció su decisión de tomar el costal y volver bajo las trabajaderas. ¡Ahí quedó!
Por último, quiero referir el caso de mi amigo y hermano Antonio Gracia, quien dejó su cargo de hermano mayor de nuestra hermandad del Nazareno, como consecuencia del revuelo que se produjo entre las cuadrillas costaleras como consecuencia de un mal entendido a consecuencia de una información periodística. Antonio decidió dimitir de su cargo para evitar males mayores y siguió colaborando con su hermandad como si no hubiera pasado nada, llegando a convertirse en el portero encargado de abrir y cerrar la capilla hasta que las fuerzas se lo permitieron. Actualmente sigue colaborando con la hermandad en la medida de sus posibilidades. Podría haber acabado con el problema de un plumazo, pero prefirió dar un paso al lado.
Lo referido son solo ejemplos de personas normales y corrientes, con sus virtudes y sus defectos, como todo el mundo, pero que en un momento dado actuaron de forma ejemplar, sabiendo estar a la altura de lo que la situación les reclamaba, salvando el caso de los costaleros de la Candelaria, en los cuatro casos restantes se portaron con humildad, a sabiendas de que se estaba cometiendo una injusticia, pero reaccionaron con altura de miras. Hace unos días, en una tertulia televisiva, refiriéndose a personas que han destacado en el mundo de la cultura, la economía y la política, también cabría incluir el mundo cofrade, no recuerdo en qué cadena ni quién lo dijo, pero sí recuerdo sus palabras: “en las grandes personas no cabe la soberbia, porque la soberbia es el arma de los mediocres.

Foto: PacoRomán
Foto de cabecera: Rafa Giraldo





