Reflexiones heterodoxas | Magniáticos

El pasado 26 de diciembre, tuve la oportunidad de ver un programa de 13TV sobre los cristianos perseguidos en Burkina Faso. Básicamente, además de concienciar del problema para que todos pongamos nuestro granito de arena en forma de ayudas, contaba la durísima realidad que viven nuestros hermanos en la fe en aquella zona del Sahel. Los continuos y permanentes ataques de las milicias yihadistas, les da igual que sean cristianos sin distinciones, musulmanes moderados o no creyentes, ellos asesinan, raptan, roban y arrasan, cual plaga bíblica, por allí donde recalan, lo que marca el día a día de miles de seres humanos, que se ven obligados a una permanente peregrinación, buscando lugares seguros para sobrevivir, para continuar su vida diaria y, muy especialmente, su vida de fe para los creyentes. Un sacerdote refugiado en nuestro país, relataba cómo, durante una ausencia de su parroquia, ésta fue asaltada por un grupo terrorista, que asesinó a un sacerdote, así como a varias personas entre catequistas y feligresas, aunque el objetivo real del asalto era acabar con la vida del párroco, como cabeza visible de la congregación. 
Durante el reportaje, se mostraba la vida de una comunidad compuesta por cientos de refugiados, en su mayoría católicos, que, a falta de un edificio físico donde celebrar la santa misa, se veían en la necesidad de oficiar la Eucaristía a cielo abierto, a las 5,30 horas, antes de la amanecida, dado que las altas temperaturas impiden realizarla en otro momento del día. Lo más significativo es que la participación en el oficio religioso era y es masiva. Lo  más llamativo es que, lejos de arredrar a aquellos hermanos en nuestra misma fe, se sienten cada vez más fuertes en sus convicciones, por lo que no dudan en lucir ropas con motivos alegóricos a nuestra religión y colgantes donde comunican abiertamente su fe cristiana; aunque lo más extraordinario es que, lejos de mostrar resentimiento, odio, deseos de venganza o, simplemente reclamar justicia, sólo piden paz para su país, ni siquiera reclaman ayuda personal para solucionar su situación particular, incluso habiendo perdido todo, aunque ese todo sea una choza, una pequeña parcela donde cultivar un poco de lo que sea, o unas cuantas cabras de las que obtener leche, carne y pieles, lo les permitiría seguir adelante. En la actualidad, son más de cien las causas de beatificación por martirio, incoadas por el Vaticano. ¡Ah, y los seminarios están prácticamente llenos! Sin comentarios.

Dos cristianos de Burkina Faso a punto de ser asesinados por miembros del Estado Islámico en el Sahel. Fuente: Redes sociales.

Meditando sobre lo visto y oído, el alma se me vino a los pies, porque frente a esa realidad, durísima, agónica, sin futuro humano a medio y largo plazo, aquí nos encontramos nosotros cómodos, envueltos en nuestras pequeñas cuitas y guerritas pequeño burguesas, más preocupados por tener y aparentar que por el ser. Frente a esas Eucaristías masivas de los cristianos perseguidos, aquí se tienen que suspender las Misas del Gallo y las más tempranas del día de Navidad o Año Nuevo, ¡por falta de feligreses! Ciertamente indignante. Celebramos unos cultos a nuestros sagrados titulares y no acuden ni las juntas de gobierno, sálvese quien pueda. Como siempre, las aportaciones voluntarias para sufragar gastos patrimoniales son ínfimas y las ventas de loterías o la recogida de alimentos resultan agónicas. Pero, eso sí, dentro de unos días comenzarán las igualás y aquí hay que morir. ¡Cuánto quieren a sus “Morenos” o a su “Reinas” o como quieran tildarlos estos cofrades de nuevo cuño! Y ¡cómo lloran, cual cuneros, si el día de salida el tiempo no acompaña! Se me rompe el alma. Y no digamos nada de las magnas. En los últimos tiempos, se han convertido en la panacea para mantener viva la tensión “kofrade” durante los 365 días del año. En poco tiempo hemos pasado del cofrade de toda la vida al friki kofrade, experto en bandas, exornos florales, vestido de vírgenes y capataces, aunque ajeno e indolente a la formación cristiana y la participación en el culto. A partir de estos mimbres hemos llegado al “magniático”: dícese de quien organiza su vida en función de las magnas que se organizan en los distintos puntos de Andalucía y parte de España. Para 2025, amén de la que preparan en el Vaticano con el Cachorro y la Esperanza de Málaga como protagonistas principales, se anuncian hasta ocho posibles convocatorias –siete confirmadas-, unas dentro de la Semana Santa siguiendo la fórmula de Santo Entierro Magno, otras fuera del ciclo cuaresmal. Yo, como todo el mundo tengo mis contradicciones, por lo que ya tengo mis reservas hoteleras para el Santo Entierro Magno de Utrera, mi segunda casa. Todo un lujo esto de la religiosidad popular recién descubierta y puesta en valor: la jerarquía podrá sacar pecho de la presunta pujanza de sus respectivas diócesis, cuando sólo estarán ante gigantes con pies de barro; los responsables municipales venderán su magnífica capacidad organizativa y los beneficios obtenidos para sus respectivas ciudades, aunque solo sean flor de un día; los dirigentes cofrades se colocarán la medalla de su brillante gestión, mostrando más intenciones, más quiero y no puedo, que realidades; los capataces desempolvarán sus negros ternos pavo real, mientras que los costaleros “matarán el gusanillo” luciendo camisetas ad hoc. ¡En fin! Todo un derroche de lo efímero, de lo delicuescente y de lo inconsistente. Es lo que hay, pues, ¡a ver!, por desgracia, el resto de los mortales no somos iguales, porque el Cachorro, el Gran Poder, las Vírgenes de los Reyes, de Setefilla, de Valme, de Consolación, la Esperanza de Triana o la Esperanza Macarena juegan en otra liga y nosotros… ¡no! De nuevo sálvese quien pueda.

Cartel oficial del Jubileo de la Fe 2025

Llegados a este punto no tengo más remedio que preguntarme: ¿Qué pasaría con todos nosotros, si de nuevo se desatara una persecución religiosa en nuestro país, al estilo de la que padecieron nuestros abuelos y padres hace, ya, casi un siglo? ¿Cómo reaccionaríamos ante la proclamación -Dios no lo quiera- de una mal llamada “república popular o república democrática”? Caracterizada por su ateísmo militante y, sobre todo, por no ser popular, pues mandaría una élite autoritaria, ni democrática pues la clase dirigente pertenecería al partido único dominante, por lo que la democracia brillaría por su ausencia. ¿Qué pasaría si irrumpiera en nuestras calles el islamismo radical, no con ataques puntuales aislados, sino al modo que hemos visto en Oriente próximo, con toda una organización política, militar y terrorista detrás? ¿Acabaríamos apostatando para salvar el pescuezo y nuestras exiguas haciendas o tendríamos arrestos para mantenernos fieles a nuestra fe cristiana a precio de muerte? No estoy hablando de buscar el suicidio como aquellos primeros cristianos de la historia, o como algunos de nuestros mártires cordobeses bajo el dominio musulmán; ni siquiera hablo de tener los bemoles de salir a la calle para realizar manifestación pública de nuestras creencias, sólo hablo de no ceder ante las presiones que, sin duda, ejercerían desde el poder para que renunciáramos a nuestras convicciones y a nuestro modo de vida. En fin, acabamos de iniciar el Año Jubilar de la Esperanza. Espero que, si no ganamos el jubileo, al menos lo empatemos.


Foto portada: Pegatina patrocinada por un grupúsculo anarquista, colocada en una señal de tráfico delante de la fachada de la Trinidad. Foto: PacoRomán