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Miradas bajo el cubrerrostro, 💙 Opinión

¿Se puede ser Cofrade y de izquierdas?

Como a cada corto rato, la procesión vuelve a detenerse. Y es el momento en que el nazareno mira fijamente la luz de su cirio y se pierde en sus pensamientos, hipnotizado por el amarillo flamígero que le alumbra y calienta en la noche de su Camino hacia el Templo. Y en esta ocasión sus pensamientos se van a una nueva interrogante que le martillea la mente desde hace un tiempo.

El ambiente que se palpa en el desfile sigue siendo tenso, quizás un poco más que en la anterior parada de la procesión. A los nazarenos nos afecta el clima que se respira en la calle por la que pasamos. Y las calles no están desde hace un tiempo muy tranquilas… ¿o es sólo una impresión de quien ve todo el mundo por dos agujeros hechos en una tela que no te deja ver el resto de cosas que nos rodean?

De repente, por una asociación de ideas que viene a la velocidad a la que se mueven los pensamientos, me surge una pregunta que, así en frío, puede resultar polémica y políticamente incorrecta en el solo hecho de planteármela. Pero precisamente es de eso de lo que va, de lo políticamente incorrecto; o mejor, de lo incorrecto políticamente.

No me entretengo más y presento esta pregunta: ¿SE PUEDE SER COFRADE Y DE IZQUIERDAS?

Tras un segundo habiendo escuchado en mi mente esa pregunta, me gustaría ponerle una pequeña apostilla a la cuestión: cofrade y de izquierdas… SIN SER INCOHERENTE CON UNA COSA O CON LA OTRA.

No seré yo quien cuestione las libertades que nuestra Constitución y las Derechos más Fundamentales nos conceden en cuanto a pensamiento, ideología, orientación o como queramos definir al sentido en que las personas se dejan caer con relación a cualquier asunto. Lo que sí voy a cuestionar y a poner en el estrado del tribunal de la razón y la lógica es la necesaria y obligatoria coherencia que debe tener cada persona a la hora de elegir esa orientación en sus pensamientos con el sentido de sus decisiones y actos.

Quiero decir… cada uno puede pensar lo que estime oportuno, faltaría más. Pero igual que no se vería muy lógico hacerse socio en una peña futbolística del Sevilla F.C. vistiendo el día de tu ingreso una camiseta del Real Betis Balompié (por incongruencia… y por ganas de arriesgar la vida tontamente), tampoco podemos admitir sin que chirríe ver a una persona que defienda los postulados de la izquierda más anticlerical vistiendo el hábito nazareno o fajándose el costal para portar a una Imagen Sagrada de su ¿devoción?.

Me viene a la memoria una imagen fugaz que se repetía algún que otro Miércoles Santo. Se trata del momento en que, ya de recogida, camino de la Catedral, el templo que acogía a la Hermandad de la Misericordia en los años de cierre de San Pedro, entrada ya la madrugada fría, llegando con mis hermanos de luz por la calle Blanco Belmonte, veía subir caminando a Julio Anguita, acompañado alguna vez por Rosa Aguilar. Pero creo que convenimos todos en que se trata de un caso altamente excepcional, por ser alguien enamorado de Córdoba y de todo lo que como ciudad la hace más bella y grande, pese a que no comulgase (nunca mejor dicho) con lo que significase este acto de religiosidad popular.

No. Realmente me quiero fijar en esa persona incongruente que defiende a diario una serie de postulados y de ideas absolutas tan contrarias con la doctrina de la Iglesia Católica. Me fijo en esa persona que está en contra de la educación religiosa y critica la formación que los, cada vez más castigados, centros concertados pretenden mantener (con la mejor de sus intenciones) en la labor de desarrollo de los niños y jóvenes. Centros concertados a los que la persona incongruente, no obstante, no duda e incluso hace lo imposible para tener a sus personitas incongruentitas matriculadas, para luego atacar desde dentro lo que allí se enseña, calificándolo de adoctrinamiento (adoctrinamiento católico, pero adoctrinamiento al fin y al cabo). Y que, sin pudor alguno, viste a su personita incongruentita de monaguillo o esclavina con bolsillos llenos de caramelos.

También me quiero fijar en esa persona incongruente que está a favor de partidos políticos que defienden el aborto libre o que apoyan mediante eufemismos del tipo “muerte digna” o “suicidio asistido” el disponer con justificaciones dudosas de la vida de un ser humano. Y que no les tiembla nada por dentro el día que viste la túnica nazarena de su Hermandad.

Me quiero fijar en esa persona incongruente que no teme manifestar ser militante de un partido de izquierdas, con todo lo que ello comporta, y que participa en tertulias cofrades o ha ocupado la dirección de alguna Cofradía… o de todas.

Y por supuesto me quiero fijar en esa persona incongruente que vive de sus ciudadanos, y no siempre para sus ciudadanos, atacando al clero de su ciudad y a todo lo que huela a Cristianismo e incienso, y que ha sido costalero o que estaba siempre presta al aviso del capataz de turno para agarrar el llamador de mando y sentirse poderosa ante una cuadrilla cansada.

Si queremos que nuestras Hermandades y Cofradías, que nuestra Semana Santa, que nuestra Iglesia esté formada por personas íntegras, con principios cristianos, lo primero que nos debemos exigir a nosotros mismos es la coherencia entre las ideas que defendemos y los actos que mostramos al exterior.

Ya digo que no pretendía ser políticamente correcto; más bien al contrario, pretendía ser políticamente incorrecto, pero éticamente correcto. Y puede que no guste a muchos esta reflexión, pero… como es solo una reflexión de nazareno y no va a salir del ámbito de mis pensamientos, pues nadie va a saber lo que estoy pensando… aunque creo que en esta ocasión en pensado en voz alta.

La mano de mi hermano más antiguo en mi hombro me saca de mi ensimismamiento, indicándome que los nazarenos han vuelto a levantar sus cirios. 

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