Seguramente, cuando estas líneas sean leídas por usted, se puede encontrar en la calle contemplando las hermandades y cofradías de vísperas; preparando el ansiado Domingo de Ramos; satisfechos porque al fin ya hay desfiles procesionales ¡Ya era hora!; En algún acto de alguna hermandad; preparándonos para contemplar nuevamente un nuevo Domingo de Ramos; o simplemente contentos porque estamos contemplando el final de una pesadilla.
Lo más importante, ya regresamos a la mal llamada “nueva normalidad”, que a mi particularmente no me gusta en absoluto la expresión. Retomamos de una vez por todas a nuestras vidas, tradiciones, al legado de nuestros mayores, a continuar con lo que nos caracteriza, identifica y en definitiva lo que somos como pueblo concreto en este mundo globalizado, que nos quieren dejar sin identidad.
Las circunstancias de mi vida, me han llevado a distintas localidades, pueblos y ciudades de Andalucía. Mi curiosidad por las tradiciones, hábitos, y costumbre es uno de los asuntos que más me llama la atención. Aparte de interesarme por la gastronomía típica y lugares de interés de la localidad.
Pregunto sobre la religiosidad, los patronos/as y fiestas del lugar. Y cómo no ¡acerca de la Semana Santa! se encuentra incluido en mi indagación. Tenemos conocimiento que en cada localidad se vive la Semana Santa de diversas maneras dentro de nuestra región andaluza.
Conocer acerca de esta gran variedad me alegra el corazón. Es debido a que nuestra fe católica ha quedado impregnada en la vida de los habitantes de todas las localidades que he visitado. Las poblaciones con sus grandes variedades de expresar la fe católica es lo que a mi manera de entender las hace únicas, a esos habitantes y a la localidad en concreto.
En cambio, he de reconocer, que muchas localidades me he encontrado con Semanas Santas incompletas. Usted se preguntará ¿Qué significa esto?
La gran semana conserva una gran labor evangelizadora, porque presenta los momentos más decisivos de la vida de Nuestro Señor Jesucristo. Muchas son las personas que tan solo les llega el mensaje a través de nuestras manifestaciones públicas de fe. El primer anuncio católico denominado Kerygma y dice: “Nuestro Señor Jesucristo se encarnó, vivió una vida humana como la suya y la mía, padeció la pasión, fue crucificado, muerto, sepultado y resucitó entre los muertos, siendo ensalzado y glorificado. Por usted y por mí”
¿Qué ocurre? Pues en bastantes poblaciones nos encontramos la inexistencia de la manifestación pública de la resurrección de entre los muertos de Nuestro Señor Jesucristo, es decir, la inexistencia de lo que llamamos comúnmente la procesión del Resucitado. El Kerygma no es representado y la Semana Santa queda incompleta. Nos quedamos con un hombre que fue condenado a una muerte cruel y posteriormente nos quedamos en la frialdad del sepulcro. Y ahí acaba la historia.
Desde este pequeño medio, quiero llamar la atención y exhortar a todas aquellas poblaciones donde no existe el Resucitado que se pongan manos a la obra de una vez, por todas, y que su Semana Santa sea totalmente plena. Personalmente, haré todo lo que pueda para que esto pueda convertirse en una realidad.
“Y si Cristo no resucitó, vana es entonces nuestra predicación, vana es también vuestra fe”( CARTA DE SAN PABLO 1 Corintios, 15, 13 –14)
I Vísperas del Domingo de Ramos
Año de Nuestro Señor Jesucristo MMXXII





