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Córdoba, Sendero de Sueños, 💙 Opinión

¡Bendito Domingo de Ramos!

Pues nada señores, ya llegó. Un año más el calendario nos ha traído hasta el más hermoso de los Domingos. El Domingo más esperado y anhelado. Tengo que reconocer que, a pesar de mi inapetencia de Semana Santa, el sábado, cuando comencé a planchar el vestido nuevo que entrenaría mi hija o a preparar todas las cosas para pasar el día en Córdoba, me entró el gusanillo en  cuerpo.

Al meterme en la cama soñé con palmas, con hileras de niños vestidos de hebreos, soñé con el paso lento del costalero y  olor del incienso. Reconozco que me estremecí al escuchar los tres golpes del llamador en el paso del Silencio y me enamoré de los ojos verdes de una mujer morena.

Recorrí la orilla del río y me inundé de luz al llegar a San Francisco y recé por todas aquellas personas que sienten los azotes de la vida en sus espaldas. Mi mente me transportó en un segundo ante la niña gitana más bella de la ciudad de San Rafael, quien por alegrías hizo que mis Penas se volviera Esperanza. Hizo mi Amargura ilusión. De fondo La Talegona cantaba La Talegona en el Alpargate. Imponente caminaba el Señor Rescatado entre esa multitud que se acercaba a Él para pedirle consuelo.

Y de nuevo apareciste tú, con tu mirada serena y tranquila, como aquella que me dedicabas cuando mi temperamento me iba a jugar una mala pasada y me tranquilicé. Mi sueño era más sosegado, porque junto a nosotros dos teníamos a la Madre de Dios, Aquélla que dio un sí incondicional al Padre, a la Primera Custodia, a la que concibió al Mesías Sin Pecado, Aquélla que nos unió para siempre. Teníamos ante nosotros a la más bella de las mujeres, a la que contiendo su dolor es la más hermosa flor. Nos encontrábamos en Santiago y un rayo de luz que entró por el rosetón nos avisó que llegó el momento. Capirotes negros, túnicas color y nervios en la Iglesia fernandina. Un Padrenuestro al Moreno del barrio, un Avemaría a la camelia nunca marchita. Tres golpes en la puerta.

¡A ésta es…! Y desaparecimos. Sonó el despertador. ¡Ya era Domingo de Ramos!

 

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