Maldita la gracia y maldita la libertad

Voy a tratar de ser muy breve; el que esto escribe prefiere ponerse sobre una cuartilla e intentar desentrañar las vivencias personales de principios de esta Semana Santa que se presenta como inolvidable; sin embargo hay cuestiones alejadas, o no tanto, del mundo cofrade que no se pueden pasar y ya está; hacer como el que no quiere la cosa sólo beneficia al zafio, al inculto, y al botarate que se cree listo o gracioso.

En la Semana que termina hemos visto como se zahería constantemente el sentimiento católico desde distintos medios informativos, con una inusitada gana de escandalizar al cristiano se ha insultado reiteradamente la Cruz situada en una basílica consagrada, con saña y desprecio

Insultar la Cruz no puede salir impune, ni es civilizado ni es de personas honorables; quien lo hace sabe que le sale gratis en una sociedad adormecida y mediatizada por esos mismos medios informativos. Porque insultar la Cruz es de necios educados en el desprecio más absoluto a los valores de convivencia más elementales; unos valores que representa esa cruz de amor al prójimo, nunca se olvide.

Hemos denunciado desde aquí reiteradamente como hay un interés desde amplios sectores políticos y sociales en desterrar al cristianismo a un ámbito exclusivamente individual, sin que tenga referentes públicos. Esos insultos de graciosillos del tres al cuarto hay que encuadrarlos en esas coordenadas. En esta misma semana sin que esos medios informativos y cadenas de entretenimiento hayan dedicado ni un minuto a la agresión a una celebración eucarística, en la catedral de Bilbao, con bengalas, y donde pudo haber daños personales a los allí reunidos, se nos ha tratado de convencer que el humor está por encima de todo, incluso de lo más sagrado, y que herir sentimientos muy hondos y arraigados en la colectividad a través de la historia es lo propio de hombres libres. Pues maldita la gracia y maldita esa libertad.